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El porteño que llevó el fileteado al sur

El fileteado porteño, un arte decorativo y popular convertido en símbolo iconográfico de Buenos Aires, también llegó a la Patagonia y, en particular, a Viedma, donde se muestra en carteles y objetos, y hasta se enseña en la cárcel local.

Domingo 19 de Abril de 2009

El fileteado porteño, un arte decorativo y popular convertido en símbolo iconográfico de Buenos Aires, también llegó a la Patagonia y, en particular, a Viedma, donde se muestra en carteles y objetos, y hasta se enseña en la cárcel local.

El introductor en la región de este singular género pictórico es Víctor Hugo Davis (53) un porteño con raíces en los barrios de Parque Patricios y Saavedra que hace cuatro años decidió radicarse con su familia en la capital rionegrina.

En su atelier, de la calle Zatti al 400, Víctor exhibe con orgullo una tabla donde, entre ornatos característicos del fileteado, se destaca la postal del viejo puente ferrocarretero sobre el río Negro, con su brazo de hierro levantado.

“El paisaje de la zona acompañado por los elementos que definen esta disciplina, este es el fileteado patagónico” afirmó.

Contó después que “varios factores nos impulsaron a venirnos para Viedma, pero sobre todo los hijos chicos, para buscarles algo tranquilo, lejos del ruido y de la inseguridad. Al final terminé dando clases en la penitenciaría, y no me arrepiento porque es una experiencia sensacional”.

Davis se formó en Buenos Aires con maestros de la talla de Luis Zors “que pintó la famosa guitarra de León Gieco”, y Ricardo Gómez “decorador de inolvidables carros de verdulero”, señaló.

Cuando llegó a Viedma no era muy conocida esta especialidad.

“Pero después me relacioné con los programas de tango en las radios locales, porque el fileteado es un pariente del tango. En las emisoras fui haciendo amigos y enseguida me empezaron a pedir trabajos y comenzaron a llegar los alumnos” resumió.

Una bicicleta deportiva que recorre las calles de la ciudad, carteles comerciales, el letrero de un establecimiento de campo en las afueras de Viedma o placas con la numeración de casas son las huellas del fileteado en la Patagonia.

En noviembre de 2007, cuando en Chimpay se llevó a cabo la solemne beatificación del indiecito Ceferino Namuncurá, Davis tuvo una idea de esas que, sin querer, se cristalizan en un acierto enorme.

“Desde tiempo antes tenía ganas de pintarlo a Ceferino, porque mi viejo era muy devoto suyo. Me puse a hacer una tabla grande, con forma de cuadro” recordó.

“La terminé pocos días antes de los actos y se me ocurrió decirle al obispo (de Viedma, Esteban Laxague) que se la quería mandar al Papa Benedicto XVI. Al final se la entregué al cardenal Tarcisio Bertone (secretario del Estado vaticano), que vino de Roma para la beatificación y pasó una mañana por acá” precisó.

Sonríe y acota “no sé si antes habrá llegado otra obra fileteada al Vaticano, capaz que yo tuve ese honor y en todo caso se lo debo a Ceferino, que es bien patagónico y sin embargo se instaló en el corazón porteño”. l

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