¿Por qué nos sentimos tan felices con el Papa Francisco, sin importar nuestras creencias? Él representó, de golpe, aquello de “vale más una obra que mil palabras”. Interiormente, en forma inconsciente o no, hace tiempo que queríamos escuchar, ver, sentir, a alguien creíble. Pues su sencillez al hablar y su obrar silencioso nos cautivó. Estábamos secos espiritualmente y nos llega esta lluvia de acciones y reflexiones que nos ofrece el Santo Padre y nos moja haciéndonos reverdecer el entusiasmo por los valores, las obras, la dignidad de todos en ser personas, por ser hijos de Dios. Francisco nos rasgó el manto de la ceguera y la pregunta sobre qué nos pasa la iremos contestando cada uno de nosotros con nuestras acciones, amando con obras a los demás. Francisco ha movilizado al mundo, también a mí.





































