Siendo padre, y escuchando el juicio oral y público del crimen de Tomás, me pongo en la piel de sus padres, y creo que saldría de mis cabales pergeñando hacer justicia por mano propia. ¿Suena feo no? Pero me pregunto: ¿qué hace que un ser humano normal mantenga la calma cuando delante suyo está el asesino de su hijo, sumado al perverso y burocrático sistema jurídico, que se encarga de revolverte el estómago y torturar tu cerebro relatándote paso a paso los detalles del asesinato. ¿Cuál es el objetivo? ¿Condenar al asesino o torturar a los padres de la víctima, junto al resto de la opinión pública? Yo padre estoy con los pelos de punta y entrenándome ya para convertirme en un superhéroe vengador y sin escrúpulos. Vuelvo a preguntar, ¿cuál es el objetivo? Tratemos de ser coherentes, lo encontraron culpable. Listo. Salgan a leer el veredicto, y cual fallo boxístico, definan en treinta segundos el veredicto. Señores, no disfruten siendo perversos, colóquense por una vez en la piel de padres, guarden en fojas, lo legal y técnico y denle paso a un corazón lleno de piedad y comprensión. Verdaderamente, a mi entender, publicidad innecesaria.




























