Al escribir este texto, casi involuntariamente, me percato: hombre se escribe con hache de horror. El horror de la muerte, el egoísmo y la crueldad. El 6 de agosto los rosarinos sufrimos terriblemente por la muerte de varias personas y la pérdida material ocasionadas ambas por una fuga de gas en un edificio céntrico de esta ciudad. Todos, creo, pensamos ni bien nos enteramos, si algún familiar o amigo estaba en la zona o vivía en el departamento. Quizás la mayoría de nosotros no conozcamos a alguien que haya sido afectado por el hecho en concreto, pero igualmente nuestro corazón se acongoja de pensar en aquéllos que ya no están más entre nosotros, o bien en los que hayan perdido su casa, sus cosas. También nos emocionamos al ver la solidaridad de los rosarinos, gente ofreciendo su casa para que los damnificados duerman, otros han llevado alimentos y ropa a los lugares destinados a recibir ayuda para las víctimas de la tragedia. Y uno reflexiona respecto de los valores ciudadanos que emergen en estas situaciones, y el saldo es aparentemente positivo. Pero para los que amamos a los animales, estas buenas actitudes se diluyen ya que los rescatistas se niegan a salvar a las mascotas. Hacen caso omiso a un perro que ladra desesperado desde el balcón de un primer piso, alegando que la prioridad son los seres humanos. Sí, la prioridad son los seres humanos, pero al esgrimir a este argumento se está justificando la indiferencia hacia la muerte de un animal. Horror se escribe con hache de hombre, porque estos hombres que no hacen nada por un ser indefenso y sufriente, que no eligió estar ahí, merecen el repudio y la desaprobación de la sociedad a quien dicen proteger. En un país serio esto no pasaría. Espero como ciudadana de Rosario que las autoridades del Imusa se ocupen del tema y que aquéllos que no respeten la ley Sarmiento sean sancionados como corresponde.


































