Según Milton Friedman, Nobel de Economía, “vivimos en un mundo donde nada es gratis”. Partiendo de dicha comprobación me permito un comentario sobre el egoísmo; entendiendo como egoísmo a la atención desmedida por satisfacer el deseo personal. Aún así debemos comprender que el egoísmo responde a una necesidad básica de libertad que todos poseemos, en consecuencia debemos aceptar que habitualmente incurrimos en este tipo de comportamientos. Viendo el modo cómo se privilegian los derechos individuales sobre los colectivos, queda comprobado que el mismo ha sido adoptado en el mundo occidental como una forma de funcionar y de relacionarse. Tendencia generalizada que nos impulsa a jugar económicamente buscando el beneficio máximo individual y nos anima a defender nuestra parcela, nuestras ideas y ser astutos en nuestras relaciones profesionales, sociales y personales. Sin embargo el sistema tiene sus fisuras, por ejemplo a nivel macro las crisis que hemos vivido han demostrado que la economía no resulta sostenible si cada uno busca maximizar sus beneficios en forma individual y los gobiernos lo permiten. A nivel micro vemos altas tasas de separaciones familiares, grupos de población aislados y abandonados, y sufrimos de estrés y vacío existencial, una norma en la sociedad en la que vivimos. Víctor Frankl, en el dilema del prisionero de la teoría de los juegos, nos demuestra un modo de obtener el mejor resultado social, en este caso para ambos prisioneros, si entre ellos colaboran negando que ambos hayan cometido el crimen. Forzando el mejor resultado posible para ambos por medio de la cooperación, en lugar de salvarse mediante la búsqueda individual del propio beneficio. Las personas en nuestra vida diaria tenemos la posibilidad de optar por una filosofía egoísta, donde prevalece la búsqueda de nuestro propio bien caiga quien caiga y cueste lo que cueste, sin medir las consecuencias para los otros “jugadores”. O adoptar una estrategia social, que tenga en cuenta las necesidades y opiniones de los demás. Swami Parthasarathy exégeta de los antiguos Veda, nos deja una reflexión valiosa “Cuando dejes de ver a las personas que te rodean y que te interesan como partes de un equipo y las veas como contrarios, midiendo lo que te dan y evaluando constantemente qué han hecho bien para dar luego tu a cambio lo que corresponde, tu satisfacción personal y tu bienestar, tu propio bien, y el de los demás tienden a disminuir”… “El día en que piensas más en lo que recibes que en lo que das, la familia deja de tener ningún sentido”. El desafío esta planteado, como en tantas otras cosas…de nosotros depende el cambio.





































