Los equipos especializados necesitarán más tiempo y dinero para reflotar en una pieza el crucero de placer Costa Concordia encallado frente a la costa toscana, en parte para evitar fugas del material tóxico que pueda dañar el santuario marino que le rodea, dijeron ayer las autoridades, al anunciar diversos actos para hoy al cumplirse un año del trágico hundimiento que costó la vida de 32 personas.
Los especialistas del medio ambiente y operaciones de rescate insistieron que las 112.000 toneladas de la nave, su precario estado frente al puerto de la isla de Giglio y el medio ambiente son factores en ese retraso.
Las aguas que bañan Giglio forman parte de un santuario marino protegido para delfines, mantas y ballenas y la zona es muy frecuentada por los buzos deportivos. El turismo descendió el año pasado un 28% en parte ante el espectáculo del puerto de Giglio, y las autoridades reconocieron que la nave no será retirada antes de concluir el tercer trimestre.
El director de la agencia de protección civil italiana, Franco Gabriele, dijo que las autoridades calculan que sería septiembre la fecha para la probable retirada de la nave, teniendo en cuenta cálculos conservadores del fuerte oleaje y la pobre visibilidad. En un principio, las autoridades creyeron que el reflote de la nave sería logrado para principios de este año.
Además, Gabriele y los directivos de Costa dijeron que el costo de los trabajos podría ascender ahora a 400 millones de euros (530 millones de dólares), de los 300 millones de euros (400 millones de dólares) calculados en un principio.
El Concordia encalló en un arrecife frente a Giglio el 13 de enero del 2012, tras salirse de rumbo el capitán y acercar demasiado la nave a la isla. Con una vía de agua de 70 metros en el casco, el Concordia volcó en un costado y quedó varado frente al puerto de Giglio. Murieron 32 personas, entre pasajeros y tripulantes.
Las cuadrillas de rescate retiraron el año pasado unas 2.100 toneladas de combustible del crucero sin causar derrame alguno.
La isla será escenario hoy de varios actos conmemorativos, entre ellos una misa por las víctimas, hasta las 21.45 hora local, hora exacta en la que el crucero encalló y en la que se guardará un minuto de silencio, tras lo que sonarán las sirenas de los barcos del puerto de la isla y se lanzarán faroles encendidos al mar.
Tales ceremonias se sucederán también en otros lugares del mundo, como Yakarta o Bali, pues la propietaria del barco, la naviera Costa Cruceros, ha organizado oficios religiosos de todo tipo en los teatros de los buques de su flota.
La conmemoración de la tragedia en honor de los fallecidos no está exenta de polémica debido a una carta de la naviera en la que “invita” a los más de 4.000 pasajeros sobrevivientes que no tenían familiares entre las víctimas a no viajar a la pequeña isla italiana para respetar la intimidad de las familias que sí los tenían y evitar “problemas de espacio”.
El capitán, Francesco Schettino, sigue bajo arresto domiciliario acusado de muertes involuntarias, causar un naufragio y abandonar la nave antes de ser evacuados todos los pasajeros. Schettino sostiene que salvó vidas al acercar la nave a la costa y que el arrecife no figuraba en sus cartas de navegación.
A finales de este mes, como máximo en febrero, se espera que los fiscales formalicen su solicitud de juicio para los doce investigados, entre ellos Schettino.
Más allá de la actuación del capitán en el momento del siniestro, cuestionado casi de modo unánime, en el proceso se abordará también como clave el hecho de si Schettino acercó demasiado el crucero a la costa en esa maniobra de “saludo” a los habitantes de la isla y si esa maniobra fue realmente ordenada por la compañía, como él aseguró.