Seguramente pocos habrán leído los avances con respecto al mal de Parkinson, pero todos estamos al tanto de quién se separó en el mundo del espectáculo o cómo están ubicados los distintos equipos de fútbol. En su novela "Un mundo feliz", Eric Blair anticipa los peligros de una sociedad totalitaria en la que el Estado concentra cada vez mayor poder. Para simbolizar la opresión externa, imagina un omnipresente "gran hermano" que controla la vida cotidiana de los hombres. Una forma metafórica de describir las consecuencias del control de todas las actividades humanas por el poder. Alerta sobre quienes nos privarán de la información, prohibirán los libros (o periódicos) o nos ocultarán la verdad (Indec) convirtiéndose la cultura en prisionera del poder. En "1984", Aldous Huxley, en cambio, no supone que una figura autoritaria privará a la gente de su autonomía, en su profecía, la sociedad no se resiste a la tecnología con la que el opresor aniquila su capacidad de pensar, y sucumbe voluntariamente. Imagina que llegaremos a contar con tanta información que quedaremos reducidos a la pasividad, que no será necesario prohibir los libros, porque a nadie le interesará leerlos, ni ocultar la verdad, porque pasará inadvertida en el océano de la irrelevancia. Si uno hace un cóctel con estos dos libros, podremos enfrentarnos a una dura realidad. Para destruir la cultura, basta con que el pueblo termine convirtiéndose en audiencia, que acepte ser distraído por lo trivial, preocupada por lo irrelevante, paralizada por el entretenimiento perpetuo (fútbol). La educación parecería ser el antídoto a esta epidemia de estupidez que se extiende.

































