Con sorpresa y una gran cuota de espanto durante toda esta semana hemos tenido acceso mediante los medios de difusión a las informaciones referidas a la ruptura de la tan conocida pareja de Zaira y Diego. Desde luego que por ser personajes de cierta trascendencia (cada uno en lo suyo) puede transformarse en novedosa por el aspecto mediático que Zaira decidió darle a su romance con el destacado futbolista. Creo que no somos quienes para condenar o justificar los episodios que llevaron a la ruptura ya que tal decisión pertenece exclusivamente al ámbito privado y que, por lo tanto, el respeto y la ética nos obliga a actuar con la debida prudencia limitándonos, en tal caso, a darles a los protagonistas la libertad de acción para resolver su situación tal como lo dispongan partiendo de la base que no tenemos el derecho a involucrarnos en las cuestiones personales de nadie. Más aún cuando de tal relación no somos arte ni parte; es decir que no modifica para nada nuestros modos y maneras para comprender alguna realidad preocupante. Mediante Twitter ella se encargó de enviar algún mensaje informativo respecto a su propia vida, Este hecho lamentablemente sirvió para que cierta prensa confundiera los términos y sentido y tomara atribuciones desmedidas con una impunidad que asusta y averguenza. Amparándose en “la obligación de informar” algunos periodistas van mucho más allá de lo correctamente permitido ya que, creo y considero, que una cosa es informar y otra muy distinta inmiscuirse en detalles y aspectos que solamente debieran permanecer en al ámbito de la pareja y de sus familias. Nadie debiera de tener el poder oscuro y sucio de informar las decisiones y determinaciones privadas, mucho más todavía cuando de ellas no depende para nada el bienestar y tranquilidad de los demás. Casi todos los medios le dieron una importancia fabulosa a este suceso empeñándose en averiguar cuál sería el motivo real de semejante desenlace; que infidelidad, contrato prenupcial, dudosa sexualidad etcétera, cuando en realidad son aspectos que pierden interés y convierten a la información en “chismografía de barrio” llevando a los involucrados a una situación penosa y sumamente avergonzante. Los periodistas son egresados de la Universidad, sus estudios les debieran dar la suficiente autoridad para manejar con objetividad y coherencia la forma de informar sin entrar en el manoseo, respetando siempre la sensibilidad y los sentimientos ajenos. Seguramente a ellos también les pasan cosas en su vida particular, ellos también sufren situaciones familiares dolorosas que son desconocidas y se silencian en una sala de redacción y hasta muy pocos las conocerán, entonces ¿por qué este tan desleal proceder? ¿por qué la falta de respeto hacia la susceptibilidad de los otros? ¿por qué la especulación tras la primicia? Acaso el informar sobre personajes públicos les da impunidad y derecho para invadir espacios y lugares en los cuáles sólo tienen cabida los propios personajes. ¡Basta de periodismo morboso! No está mal el cholulismo, debe existir la información para todos los sectores, pero sin dejar de lado la prudencia debida.
































