El arte sale del olor a humedad de los museos y colorea el cemento de la ciudad. Hay que pararse a mirarlo y disfrutar de la creación y la pasión que ponen nuestros artistas. Me alegra el día mirar la esquina noroeste de San Luis y 1º de Mayo. La pintó Pablo Resoalbe en 2013. Mientras él trabajaba desde el andamio, en la vereda, mis nietos y sus amiguitos le preguntaban desde las ventanas sobre los colores, los dibujos que hacía. Estuvieron muchos días compartiendo un poco las pinturas y dialogando continuamente. Fue una experiencia extraordinaria: vieron por primera vez trabajar a un artista plástico. Emocionante. Ahora aprendieron a ver que hay colores que los saludan desde las paredes de la ciudad.





































