El 16 de junio, nuestra querida escuela, Comunidad Educativa La Paz, cumple sus maravillosos 25 años de vida. Fructíferos, plenos de buenos propositos, en permanente crecimiento, en lo institucional y lo estructural, brindando a nuestros niños y adolescentes, calidad, calidez, contención, alegrias compartidas y, esencialmente, amor reciproco, enmarcado en un esquema educativo armónico y de convivencia ejemplar, que debe enorgullecernos a los que amamos vivir en un clima de paz. No soy docente. Simplemente una mama de ex alumnos y hoy abuela de un niño que concurre. Y, por ello, puedo dar testimonio con absoluta convicción, que la escuela que en su momento elegí para mis hijos y hoy, mi nieto, es un espacio cabal, íntegro, predicador de los valores esenciales para demostrar que no todo está perdido y que existen espacios para que una sociedad pueda desarrollarse armónicamente. En estos tiempos tumultuosos que nos sobrecogen el alma, tener este espacio escolar es un soplo de esperanza, una apuesta a la fe, y una perseverante porfía, de aportar seres íntegros a la sociedad y a entender que se puede trocar la pena por la alegria y a creer que un futuro mejor es posible, 25 años creyendo que es posible habitar la paz.


































