El trámite judicial por el sangriento robo a la metalúrgica Laminex de barrio
Ludueña, en el que murió baleado un portavalores de 32 años el año pasado, tiene desde ayer dos
procesados por diferentes figuras. El que lleva la peor parte es uno de los presuntos ladrones que
dieron el golpe con posterior tiroteo frente al ingreso de la planta en Junín al 6100. Aunque no
abrió fuego se considera que tuvo mayor responsabilidad en el desenlace trágico porque fue la
decisión de ir a robar lo que provocó el crimen. El que hizo el disparo mortal terminó implicado
por una figura menor: era un custodio que acompañaba al empleado asesinado y lo mató por accidente
con un arma que tenía de modo irregular.
El asalto fue el 5 de agosto en el corralón de Laminex. Una banda de asaltantes
con armas largas y pistolas interceptó a Gastón Louszczak cuando bajaba de un Chevrolet Corsa
blanco frente al portón automático de la empresa. Llegaba de retirar dinero de la mutual Cameciar
SA, en Eva Perón y Gutenberg, cuando cuatro hombres bajaron de un VW Fox con armas largas y cortas
y le robaron el maletín. Se desató un tiroteo con el vigilador que lo acompañaba y una bala alcanzó
en la espalda al empleado. El herido caminó unos metros sobre el patio cercano a unas oficinas, se
desplomó y murió. Los ladrones escaparon con una suma cercana a los 150 mil pesos.
El único detenido por el violento asalto cayó el 17 de septiembre último. Es
Héctor Alberto Lencina y tiene 23 años. Lo apresaron tras sufrir un accidente de tránsito que lo
forzó a internarse en el hospital Clemente Alvarez con una identidad falsa. No pudo ser indagado
hasta un mes después de quedar privado de libertad porque se reponía de la triple fractura sufrida
en un accidente de moto del 11 de septiembre pasado, por la que debió ser operado en el Heca.
Finalmente el juez Juan Andrés Donnola, un defensor oficial y la fiscal Lucía
Aráoz se presentaron en la enfermería de la Unidad III y allí para tomarle declaración. Pero
Lencina se abstuvo de hablar. Un mes después aceptó hacerlo: negó haber participado en el hecho que
se le imputaba, sí aceptó que no había vuelto a prisión tras una salida transitoria que gozaba pero
dijo que se mantenía vendiendo películas que compraba en la feria La Salada en Buenos Aires.
Lencina se convirtió en sospechoso la misma tarde del asalto, cuando la policía
allanó una pieza de pensión que, con un apellido falso, alquilaba en Grandoli al 2700. Se halló en
ese lugar una pistola 12.70 usada en el hecho, balas y el maletín arrebatado a Louszczak, sin el
dinero. La policía detectó que el nombre del inquilino coincidía con el de un evadido de la Unidad
3. Cuando les mostraron a los vecinos la foto de su prontuario, lo reconocieron como el habitante
de la pensión. Además firma del contrato de alquiler coincidía con el trazo del convicto. Al
obtener el alta volvió a la Unidad 3, donde cumplía 8 años de prisión por dos robos.
Ahora lo procesaron por robo seguido de homicidio lo que hace presumir, si lo
condenan, que a esa pena le será sumada otra que puede oscilar entre los 13 y los 37 años de
prisión, según consignaron ayer fuentes judiciales a este diario.
El juez Donnola interpretó que el hecho de que Lencina hubiera desaparecido de
la pensión, que allí se encontrara el arma utilizada en el episodio y el maletín donde estaba el
dinero robado dan una prueba evidente de que estuvo involucrado en el asalto. Además de procesarlo
le impuso un embargo de 100 mil pesos. Como la muerte es una consecuencia directadel robo Lencina,
según el magistrado, debe cargar con la responsabilidad de la muerte de Louszczak
La acción del hombre que efectuó el disparo mortal fue valorada de distinto
modo. El juez entiende que Juan Oscar Enrique, el custodio, intentó contrarrestar el asalto y que
al disponer de un arma con posibilidad de uso lo hizo. Pero cuando los asaltantes huían cubriendo
el escape a tiros Enrique resisitió el robo a balazos y uno de los impactos, según probó la pericia
balística, dio en su propio compañero.
Enrique portaba esa arma ilegítimamente dado que no se encontraba registrada a
su nombre. Eso determina, para Donnola, una cuestión de impericia a la vez de imprudencia en la
utilización de la misma, dado que Louszczak se encontraba en las cercanías y en la línea de fuego
entre él mismo y los delincuentes. Violó en consecuencia las normas de cautela y por ello el juez
lo procesó por homicidio culposo (no intencional) y por la portación ilegal del arma.