Recientemente nos sorprendió la triste noticia del fallecimiento de Renzo, el niño correntino que había sido sometido a un trasplante de corazón. Dicho acontecimiento mantuvo en vilo a toda la población, habida cuenta que los familiares de la niña fallecida habían decidido una ablación múltiple de órganos para donaciones. Las expectativas de los donantes se centraron en la filosofía americana respecto de que el donante continúa viviendo en el cuerpo del trasplantado. Sin embargo, el pequeño órgano si bien compatible, no resistió y provocó sucesivos rechazos. El final ya lo conocemos. El pequeño había concitado la atención de gran parte del país, estimulando la concreción de cadenas de oración, único medio tal vez idóneo que otorga un sentimiento común que es la fe. Renzo, llamado a cumplir en este mundo la primera y parcial etapa de su vida, aguardaba en su inocencia, el tan esperado milagro, que finalmente no se concretó….no se habló de donaciones, mucho menos compatibles. Por regla general, los pequeños concitan la atención del todo el orbe. Se habla siempre de los derechos de los niños, desde aquella frase de Jesucristo: "Dejad los niños venir a mí". Campañas multitudinarias a favor de ellos, pero con contribuciones de elementos susceptibles de donar; no hace falta mencionarlas, pero este tipo de desprendimiento es sencillo llevarlo a cabo. Tocante a la donación de órganos, parece que no es tarea fácil mentalizar a la población. Paradójicamente, es lamentable que el cuerpo se vaya diluyendo en la última morada, a merced de la acción del tiempo y otros. Donar órganos, es dar vida, dice un eslogan al respecto, pero es evidente que tendrá que pasar un largo tiempo para que las generaciones venideras reviertan esta situación. Nuestra cultura natural deberá aggionarse en forma razonable para eliminar tabúes que hoy en tal sentido sólo contribuyen a depender de un milagro. Ojalá el tiempo nos dé la razón.


































