Como estudiante de la Escuela de Medicina perteneciente a la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR quiero expresar mi preocupación por la situación docente actual. A punto de rendir mi última materia descubro cómo aquellos que me formaron a mí y a cientos de mis compañeros son degradados al máximo, más de lo que lo fueron estos largos años con sus más que honorables cargos de ayudantes ad-honorem. Y es que por alguna razón se decidió en estos dos últimos años primero inventar una denominación inexistente, como lo es el “colaborador docente”, y después incluir en ella a quiénes ya pertenecían a la categoría más baja del escalafón. No obstante esto cumplen funciones no contempladas en el estatuto de la mencionada casa de altos estudios, dejando de lado su formación como docentes para contribuir a la de los futuros médicos. ¿Por qué seguir mirando para otro lado mientras la educación pública sigue destruyéndose desde sus propios cimientos? ¿Por qué no nos hacemos parte del reclamo todos? Sí, todos. Porque esto involucra no sólo a la comunidad educativa, sino también a la sociedad en general, afectada desde el punto en que uno de sus derechos comienza a vulnerarse: la salud.





































