Es natural y necesario que cada persona tenga sus convicciones políticas, pero es fundamentalmente imprescindible tener dominio emocional en las conversaciones; las actitudes agresivas deben transformarse en un intercambio de opiniones claras, pues lo lamentable es que estas acaloradas disputas son propensas a romper vínculos de amistad, familia, instituciones, reuniones. Aferrarse a que otro tenga que pensar como uno piensa por medio de una discusión, al final llega a la conclusión ¿de qué sirve que este señor piense como yo si no tengo ningún interés en tenerlo a mi lado? Lógico es exponer cada uno sus convicciones para que lo escuchen, a la vez tener como conducta saber escuchar aunque no estemos de acuerdo. Lo ideal también es hacer notar marcando a los chantas y corruptos de su propio partido y no ser hipócritas porque en todos los lineamientos existen y se cambian de camiseta partidaria en cualquier momento. En reuniones de amigos o llámese grupo de personas conocidas, sentadas en una misma mesa, donde a la vez otras personas ajenas al grupo ocupan también, en el mismo local otra mesa, ya sea un bar, institución. Es de pensar que si dos personas que comparten el grupo en cuestión se enfrenten en una acalorada discusión, esa actitudes los encasillan a todos los del grupo como ridículos, también entre otros parroquianos ajenos a esa mesa, no faltará alguien que piense: todos estos locos que defienden a muerte tal o cual político o al retorno militar, por qué no plantean el interés de todos esos “patriotas” abocados en lograr de cualquier forma puestos con jugosos sueldos. Sería lógico que planteen también en esa discusión ¿quién de todos sus ídolos ejercerá sin cobrar un peso? Es de considerar lógico discernir con estos cuestionamientos, es importante que el estimado lector que así lo analice decida enviar otra opinión distinta en estas columnas, que intentamos sean la voz del pueblo; sería motivo para agradecerle, pues tal vez con otra teoría diferente muchos dejaríamos de lado la frase: Cuanto más conozco a los políticos (salvo excepciones) más quiero a las ratas, cuando van al queso no se pelean, ni se cambian de camiseta. En referencia a las raras excepciones de políticos, son aquellos que entre cosas rescatables se acuerdan de que existen jubilados que aportaron religiosamente toda una vida y son condenados al actual genocidio.



























