El filme de Asghar Farhadi "Nader Simin, la separación", fue aplaudido y hasta ovacionado en varios países porque dibuja el conflicto de la pareja humana y la impotencia de la Justicia a la hora de dirimir cuestiones tan complejas, legítimas e ilegítimas (no legales), sin el auxilio de varias disciplinas. Esto ocurre en culturas (creencias y conocimientos) muy distintas, pero semejantes a la hora de herir a los hijos y abortar proyectos vitales. En el escenario del filme, Teherán, el director dibuja las familias creyentes en algo superior a ellas mismas, la manera de preservar a sus niños de la acústica de sus peleas y como protegen sus vínculos afectivos aunque sean hijos de circunstanciales enemigos. También como respetan a sus ancianos con entregas que nosotros olvidamos y una institución escolar que intenta ayudar, no boicotear ni criticar a los miembros de esa familia. Mantienen simbólicos juramentos y libros sagrados que nutren la ética individual y vincular y apelan al concepto de relatividad, a la hora de negociar. Este inteligente filme plantea el concepto humano de "la verdad": ¿la de quien? ¿la subjetiva o la objetiva? ¿la recordada y acordada consigo mismo o la olvidada? ¿la que encierra o libera? Desperté recordando los cambios evolutivos del rostro de Termeh, la inteligente hija víctima de la situación sin salida y su indecisión a la hora de defender su aurícula o ventrículo cardíaco. Recordé que el martes 15 fue el Día Internacional de la Familia y decidí calmar mi angustia escribiendo algo que quizás a alguien le sirve. A esta altura de mi vida puedo asegurar que si existe un útero de sensaciones, deseos, ilusiones y sentimientos de felicidad e independencia, de palabras capaces de ligar, acordar y expresar, de soldar afectos, rescatar a cada recién nacido de sus delirantes autismos y transformar los confundidos púberes en humanos no esclavizados, desmentir cualquier desesperanza, es esa estructura que denominamos familia. Tenga el formato que tenga, es la que más irriga y nutre el cuerpo y el alma de quienes la conforman. Inevitablemente, transita etapas de construcción y destrucción, de frágiles evoluciones, revoluciones y desarmes, de dolorosos ingresos y pérdidas. En la historia de la humanidad y en mi biografía mínima, no encontré todavía otra geometría relacional que la pueda superar.

































