En octubre de 2013 nos inscribimos con mi pareja en el Plan Procrear con el fin de poder acceder a nuestra propia casa. Con mucha suerte en ese sorteo salimos beneficiados y comenzamos con los pasos siguientes: encontrar una casa que reúna las condiciones solicitadas por el crédito. En febrero de 2014 encontramos un aviso sobre una casita en Roldán que comenzaba a construirse y aparentemente iba a terminarse muy rápido. Nos contactamos con la persona que construía, Fani Dwonikowski, en la Inmobiliaria Nuevo Horizonte, que maneja con su familia. "Ay, qué divina esta gente!", pensamos, con un proyecto súper lindo, de construir casas y venderlas a precios reales sin especular. Reservamos en marzo la casa, íbamos a verla cada dos fines de semana, imaginábamos cómo iban a ser las cosas, dónde iban a estar los muebles, dónde íbamos a dormir, en fin un millón de imágenes. En mayo ingresamos nuestra carpeta en Procrear, con muchísima ilusión y muchas posibilidades de resultar aprobados. Todos en nuestro entorno estaban entusiasmados, ansiosos, contentos, preguntando: ¿cuándo se mudan? En junio nos avisan de esta inmobiliaria que necesitaban hacer un ajuste del precio (inicialmente $500.000) sumándole $50.000 por los costos de las terminaciones. No nos pareció descabellado y accedimos. Tras varias inspecciones de la tasadora del banco, la casa aún no estaba en condiciones de ser aprobada y habitarse, así que tuvimos que esperar unos meses más a que la terminen. A mediados de agosto, nos avisan que ya reunía las condiciones, que podíamos pedir nuevamente una inspección, sin mencionar nada más. El 1º de septiembre la tasadora intenta coordinar un encuentro pero Fani Downikowski y su hermana Leticia se niegan a hacerlo ya que necesitaban nuevamente "reajustar" el precio de la vivienda. Nos reunimos ese día y entre idas y vueltas nos solicitan $700.000 (por una casa en el final de Roldán, sin gas, ni pavimento, con asentamientos cercanos, lejos de las rutas de acceso) con esta excusa: "Seguir la lógica del país". La lógica del país, que no había sido tenida en cuenta al comienzo, hacía que la casa con la que nos habían ilusionado pase de valer 500.000 a valer 700.000 pesos, con expectativas de 900.000. Perdimos siete meses esperando que se termine una casa que en principio se terminaba en tres. Ni hablar de los dos meses esperando que se nos devuelva nuestra seña y viendo como esta señorita (quien no atendía el teléfono prácticamente nunca) subía fotos en su Facebook vacacionando en Estados Unidos, Buenos Aires y otros. Hoy, después del tiempo perdido, del dinero recuperado, solo nos queda la bronca y la tranquilidad de no haber hecho negocio con este tipo de gente.































