El precio del dólar paralelo, cuya comercialización es legal, depende de la ley de la oferta y la demanda. Si se quiere que decrezca su costo, o al menos se detenga la feroz depreciación del peso, hay varios recursos. Por ejemplo, que se levante parcialmente el cepo cambiario y podamos comprar hasta 300 dólares por mes a 6,99 pesos. Este valor, y posiblemente bastante, incidiría en el mercado informal. Porque la psiquis existe. Y para el Estado son monedas. Máxime en un trimestre de enorme recaudación tributaria y de dólares baratos por la soja. Esto que proponemos claro que no es un abracadabra. Pero si se trata de emparchar. Puede objetarse que al absorberse pesos se reduce el consumo. Pero los dólares finalmente operarán en el clima de negocios y, mientras, baja la inflación. La economía, ciencia que administra la escasez y que traspasa el dinero de una clase social a otra sin perjuicio de lo que queda en el camino, se desmorona si siempre tercia en el corto plazo. En cuanto a la solución de fondo, equilibrar las cuentas fiscales y reducir el gasto público anómalo, por ahora son utopías. Lo mismo moderar la emisión monetaria. El problema de los que no hacen nada es que nunca tienen tiempo para nada.





































