Se han producido algunas sorprendentes contradicciones en las actitudes de varios gobernantes latinoamericanos en circunstancias de la muerte del líder bolivariano Hugo Chávez. Muchas opiniones se han suavizado y han aparecido mágicamente virtudes insospechadas en el comandante presidente. En lo nacional, uno de los más relevantes referentes de la oposición de nuestro país ha sido severamente cuestionado por miembros de su propio partido, por advertir que él no hubiera votado al “chavismo”. La muerte revela a veces misterios insospechados, especialmente cuando la misericordia se transforma en la apología de lo indefendible. Abstracción hecha de la perplejidad en que nos sumerge la desaparición del prójimo (máxime cuando se trata de una personalidad notable), esto les hace digerir a desgano, especialmente a otros notables, la irreversibilidad de su futura propia muerte. El instantáneo proceso de santificación que se desata de inmediato nos lleva a plantearnos una reflexión: ¿ existe alguien que en vida haya hecho todas las cosas bien, o es esto convencimiento, propio de un anestesiante remedio aplicado a la memoria colectiva acerca de los hechos y actitudes del difunto? La pregunta parece tan infantil que ni siquiera merece una respuesta. No cuestiono la sacralización posmórtem que los venezolanos puedan hacer de su líder, pero personalmente considero como improbable la existencia de “mártires del trabajo”; posiblemente se trate sólo de mártires de su propia adicción al poder. ¿En las relaciones internacionales (a menudo tan equívocas, por lo tanto, autoevidentemente sujetas a diversas interpretaciones), cabe la posibilidad del endiosamiento sin límites de algunas personalidades, cuando tales actitudes comprometen tan sensiblemente nuestra interacción con el resto del mundo? Chávez ha muerto. ¿Alguien sabe a ciencia cierta qué pasará en una Venezuela despojada abruptamente del líder carismático y en manos de un nuevo gobierno que deberá afrontar una situación económico-social a todas luces conflictiva? Entre los países del hemisferio es curiosamente el nuestro (de acuerdo a estudios internacionales) donee Chávez y su régimen autoritario y cercenador de libertades despierta entre los habitantes un mayor porcentaje de simpatía. Las expresiones del presidente de Bolivia acerca de las intenciones asesinas por parte del “imperio” para con sus enemigos, no merecen mayor análisis, ya que son propias del paradigmático primitivismo del mandatario. Mientras la oposición continúa mirando al vacío y con la mente perdida en el pensamiento de quién será el protagonista que la salve de su propia extinción, la “venezuelización” de nuestro país avanza a pasos agigantados de la mano de una presidenta con altibajos emotivos que comprometen seriamente su capacidad de gobernar para “todos y todas”.

































