Cuando uno recuerda ciertos sketchs de Tato Bores o Pinti siente algo especial. Es como si en la política no hubiera pasado el tiempo. Se percibe por momentos un tiempo lineal en lo que es desidia, divisiones e intolerancia en ciertos gobernantes, cuando con su ácido e inteligente humor, ambos actores hacen monólogos e increíbles reflexiones. Lo más absurdo es que esto salga del gobierno, de funcionarios, algunos ministros, entre otros. El poder como tal, no es para generar desigualdades humillantes. Tampoco un cargo o un nombramiento da derechos que pongan al otro en descenso humano, sin los derechos más básicos, reconocidos nomás por el hecho de ser personas humanas. Los que más deberían dar el ejemplo de equidad, honestidad y eficiencia son los que plasman en la sociedad escepticismo, cuando no impotencia y o intemperie. Jueces adictos al poder de turno y obsecuentes archivan causas plasmando desconcierto en la ciudadanía. Quiera Dios que en las elecciones próximas una luz nos ilumine a todos al sufragar. Que nos gobierne quien tenga reales atributos y vocación acorde, lejos de mezquindades e intereses. Que las palabras democracia, justicia y república no sean esqueléticas. Sean realidad indiscutible, acompañadas de madurez y diálogo con las instituciones funcionando correctamente. Que ya nadie más se sienta desamparado, ya que este sabor amargo y prolongado en el tiempo se torna insoportable.





































