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Condenan por un crimen al preso que denunció una extorsión en Jefatura

Carlos "Toro" Benítez recibió 11 años y medio por el asesinato de Sebastián Soperez. En julio una escucha reveló que lo chantajearon.  

Miércoles 02 de Octubre de 2013

A dos meses y dos días de haber sufrido una detención extorsiva en la Jefatura mientras gozaba de salidas laborales —una maniobra que denunció al ser detectada en escuchas telefónicas— el mecánico Carlos "Toro" Escobar fue condenado a 11 años y medio de prisión por el homicidio del empleado metalúrgico Sebastián Soperes en Villa Gobernador Gálvez. Junto a él fueron sentenciados a la misma pena otros dos hombres que lo acompañaban al momento del crimen, cuya motivación no fue aclarada pero que podría estar ligada tanto al mercado de motos robadas como a una cuestión de celos.

Carlos Damián Escobar admitió desde el inicio haber baleado en el abdomen a Soperes, de 18 años, en una casa donde estaban con al menos otros dos conocidos, en agosto de 2010. Pero siempre sostuvo que se le escapó el disparo mientras manipulaba un arma de la víctima. Sin embargo, un informe de la Policía Científica determinó que la mecánica fue distinta a como la relató "Toro". La pericia sostuvo, en cambio, que fue un balazo directo el que mató a Soperes, con un recorrido diferente al que describió el acusado.

En base a ese y otros elementos, el juez de Sentencia Julio García condenó a Escobar, de 26 años, a once años y medio de prisión como autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego. Y por portar en forma ilegal un arma 9 milímetros nunca hallada tras el crimen.

Sin salidas. El juez interrumpió las salidas laborales con las que fue beneficiado Escobar antes de llegar a juicio, un permiso por el que salía a las 8 a trabajar en su taller mecánico villagalvense y regresaba a las 22 a la alcaidía de Jefatura. La medida, ahora cancelada, ya había sido suspendida por García en agosto pasado, luego de que saliera a la luz la detención extorsiva que denunció haber sufrido Toro en la Jefatura (ver aparte).

En ese momento el juez de Instrucción Alejandro Negroni, que investiga al ex barra de Newell's Luis "Pollo" Bassi por un homicidio (ver página 32) envió un informe a su par García advirtiéndole que, de las escuchas en esa causa, surgían "posibles vinculaciones de Escobar con el tráfico de drogas". Por eso le cortaron las salidas y se le dio intervención a la Justicia federal.

Asimismo, por el crimen de Soperes fueron condenados a once años y medio como partícipes necesarios Damián Alejandro "Chino" Ortiz, de 29 años, y Javier "Perro" Leiva, de 27. A esa pena, Ortiz les añadirá otros seis meses en prisión porque en julio de 2011 fue detenido con una moto Suzuki 100 robada frente al Sindicato de la Carne de Rosario.

En el caso de Leiva, sumará otros quince días de encierro por una condena aún no cumplida del año 2009, por un intento de robo. La contracara es que logró zafar, por falta de pruebas, en una causa por resistir un arresto policial de junio de ese año. En ese proceso accesorio terminó absuelto.

El fallo se conoció ayer tras la notificación a las partes. El defensor de Escobar, Marcos Cella, apeló ante la Cámara Penal. Pretende que su cliente sea absuelto o que a lo sumo sea enjuiciado por un homicidio culposo, es decir, cometido con negligencia pero sin voluntad de matar. Se basa en la confesión de "Toro" y en que el mecánico, tras el disparo, cargó a Soperes en su camión y lo trasladó hasta el Hospital Gamen de Villa Gobernador Gálvez, donde falleció horas más tarde.

Una cita acordada. El crimen ocurrió alrededor de las 17 el 11 de agosto de 2010. Esa tarde, Leiva fue a buscar a Soperes a su trabajo en una empresa metalúrgica villagalvense y lo llevó hasta su casa de Iriondo y Pasaje 5. Allí estaban el Chino Ortiz, de quien habría recibido varias amenazas por mensaje de texto, el Toro Escobar y, al parecer, otro hombre al que le dicen Tucumano. El encuentro estaba pautado, ya que se detectó que Ortiz le había enviado un mensaje de texto a Soperes para reunirse en la casa de Leiva.

Según contó el propio Escobar en su indagatoria, Sebastián fue a su casa a buscar un equipo de mate y volvió con "una pistola negra, grandota, parecida a la de la policía", que exhibió en la cocina comedor donde estaban reunidos. "Sebastián estaba parado de espaldas a la puerta, a mi derecha. Ahí me muestra el arma, me acerco para pedírsela, me la da, siento una explosión y Sebastián se agarra el estómago y se cae para adelante", refirió Toro al plantear que se le escapó. En la reconstrucción del hecho, en cambio, dijo que la víctima estaba a su izquierda.

Sin embargo, el informe de la sección Reconstrucciones Integrales de la policía demostró, en base a la autopsia y la trayectoria de la bala, que esa descripción no se condice con el recorrido del plomo. El proyectil fue de izquierda a derecha, y luego de herir a Soperes atravesó la pared sur del comedor y fue hallada en la habitación de al lado. El disparo atravesó abdomen del joven y le causó la muerte por hemorragia. Esto, para el juez García, revela "cómo Escobar dirige el disparo en forma directa", algo que evita "quien no quiere causar daño". "Aparece nítidamente un obrar doloso", añadió.

Consideró a favor de Escobar que tras el disparo dejó a la víctima en la vereda del hospital. Pero remarcó que estuvo dos meses prófugo e hizo desaparecer el arma, lo que "no se condice" con un hecho accidental.

Motivos difusos. La motivación del ataque no fue aclarada. La jueza de Instrucción que envió a juicio a los tres acusados, Roxana Bernardelli, había señalado que al parecer el grupo estaba ligado al robo de motos. De hecho, luego del ataque, Leiva se quedó con una moto de Soperes que sus familiares tardaron en recuperar. Y el propio Ortiz llegó a juicio acusado en otros dos expedientes por robo, en un caso de una moto, de los que fue desligado porque prescribieron.

La línea que sugiere García en la sentencia remite a otro posible móvil, relacionado con celos. La novia de Soperes contó en la causa que el joven "estaba amenazado de muerte por el Chino" Ortiz porque éste se enteró de que el muchacho había tenido una relación con su mujer mientras él estuvo en prisión. A raíz de las amenazas, indicó, el joven había tenido que cambiar el chip de su celular.

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