eñora madre de la zona de Lima y Rioja, el Club Intercambio Carriego está en "su" barrio. Si usted averiguara, o lo visitara, vería gente nadando, patinando, jugando hockey, al fútbol, tenis de mesa, o haciendo deportes en un gimnasio modelo para la ciudad. También en la recorrida vería otra gente haciendo danza española, tango, gimnasia modeladora o yoga. Si lo desea, mientras se toma un café en el buffet, escucharía algún "falta envido", o quejarse de una "jugada" de mus, o de tute cabrero. Todo esto lo logramos a partir de febrero de este año, ya que hasta esa fecha el club estuvo intervenido, clausurado y cerrado en el medio de una feroz lucha, fomentada por intereses comerciales. Hasta que un grupo de personas, que tenemos cada una nuestro propio trabajo, nuestras propias obligaciones, decidimos aportar tiempo y esfuerzo, lucha y discusión, porque coincidimos en que más efectivo que pedir ayuda es arremangarse, mejor que disponer de cosas hechas es el placer de hacerlas desde la nada. O sea, con sacrificio, con solidaridad y honestidad en tan sólo nueve meses transformamos una cáscara vacía en esta realidad; nueve meses, que casualidad, toda una gestación. Como usted verá estimada señora, que aunque somos conscientes de lo mucho que aún nos falta, no pecamos de soberbios al decir que hicimos muchísimo en poquísimo tiempo y con escasos recursos. Entonces en lo que a mi respecta, me ofende que usted nos ponga a todos en la misma bolsa, y que le pida al intendente que la Municipalidad se haga cargo de algo que la realidad nos dice que estamos haciendo bien. Señora, disculpe mi vehemencia, pero esta carta tiene por objeto que usted sepa lo que estamos haciendo, y así como usted, muchísima gente del barrio, que aún no vio que hoy el club cambió, que es un club abierto, comunitario, social y deportivo. Como dice Facundo Cabral "está la puerta abierta, juntemos nuestros sueños".
































