Hay que visitar y conocer China para poder comprender a este "gigante asiático" tal como se lo denominó tras su vertiginoso crecimiento en las últimas dos décadas. Este "motor" del mundo moderno es responsable de más del 50 por ciento de la expansión mundial en el año 2011, con una población que asciende a casi 1.350 millones de habitantes y con un Producto Interno Bruto (PIB) según la paridad del poder adquisitivo cercano a los 11,3 billones de dólares, es decir alrededor de 8.400 dólares per cápita. Por todo esto ocupa el segundo lugar mundial después de Estados Unidos y marca la gran importancia de este país en el siglo XXI.
Poner un pie en la tierra de Mao Tse-Tung ya implica comenzar a conocer la inmensidad del lugar, el orden, la limpieza, la seguridad, los avances tecnológicos y el evidente progreso que ha experimentado su economía y sociedad. Basta mencionar que entre 2000 y 2011 las importaciones chinas de mineral de hierro aumentaron 45 veces; las de carbón, 250; y las de cobre, 17 veces, materias primas fundamentales para la inversión en infraestructura básica, clave para lograr el desarrollo. Ahora bien, la pregunta que se plantea es: ¿Cuál fue el proceso que permitió que un país marcado por una fuerte guerra civil que duró desde abril de 1927 hasta mayo de 1950, cuando se proclamó la República Popular China en un escenario marcado por la pobreza de más del 80 por ciento de sus 600 millones de habitantes, logre en las últimas dos décadas tasas de crecimiento cercanas al 9 y 10 por ciento, mejorando sustancialmente la distribución del ingreso y la calidad de vida de la población?
La historia cuenta que desde 1978 comenzó la apertura y transformación del Estado. Reforma que desde el punto de vista económico está basada en dos pilares: la reducción de impuestos y la seguridad jurídica para atraer inversiones extranjeras con el principal objetivo de generar desarrollo económico, social y político. China mantiene un sistema político comunista pero su economía es de mercado, tal como ellos mismos lo señalan sin ninguna objeción. Y la que consideran su mayor fortaleza señalada por los funcionarios y profesores: Xu Shicheng (profesor de la Academia de Ciencias Sociales y comentarista de la televisión China para la división en español), Wang Hongqiang (secretario general de la Asociación de Amistad Latinoamericana) y Wang Yulin (subdirector general del Departamento Internacional del Partido Comunista de China). Y todos ellos tuvieron un punto en común: la importancia de mantener "las reglas de juego" y respetar los contratos firmados, cuestiones en las que Argentina tiene más de una materia pendiente. Tras recorrer China e interactuar social y políticamente en dicho país, gracias a la invitación de la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Extranjero a través del Centro de Estudios para la cooperación Chino-Argentina de Rosario, es menester poner en valor la importancia de aquel país en el intercambio comercial con Santa Fe. Basta con mencionar que China es el destino del 10 por ciento de las exportaciones de origen provincial, sobresaliendo las exportaciones de poroto de soja (el 75 por ciento del total exportado de este producto), aceite, harina y biocombustibles, entre otros productos de origen agroindustrial. Por supuesto que manifiesto el total rechazo a las medidas autoritarias empleadas por ese gobierno, la ofensiva contra la prensa opositora y su correlato "la falta de libertad de expresión y censura", que se suman a la persecución constante a los políticos disidentes con el régimen y la prohibición al acceso de herramientas de comunicación moderna como las redes sociales. Como así a los mecanismos de control y represión que los políticos partidarios del régimen justifican con la importancia de un Estado fuerte con directivas claras, que alejan al país de las reivindicaciones de los derechos humanos, base principal para generar una relación integrada entre la persona, la sociedad y el Estado, en busca de crecimiento y mejor calidad de vida. Y es a partir de este conocimiento adquirido de su estilo de vida y de sus vivencias que se puede reflexionar sobre la importancia de la institucionalidad, los derechos humanos y la democracia, pilares de una gestión pública eficiente y que permita un óptimo direccionamiento de las variables macroeconómicas, para mejorar la equidad distributiva y apuntalar el desarrollo sostenible. Argentina, el país más volátil y con una de las inflaciones más elevadas del mundo, que rompe sistemáticamente las reglas de juego, violando tratados comerciales y contratos acordados, debería rescatar la experiencia positiva de países que respetan los acuerdos y que cuentan con estrategias de largo plazo. Es cierto que no hace falta ir muy lejos teniendo a Brasil y Chile como países modelos de crecimiento y desarrollo en los últimos años. Pero también es verdad que estamos frente a una oportunidad histórica para generar flujos no sólo por necesidad comercial, sino también para atraer inversiones genuinas que permitan potenciar el desarrollo regional, beneficiando a todos los santafesinos.
Para mencionar un ejemplo, en 2011 Brasil recibió el 43 por ciento de los 22 mil millones de dólares de IED de China en América Latina, dirigiéndose la mitad de ese monto al sector de tecnologías, energía y obras de infraestructura, puntos en los cuales Santa Fe presenta claras deficiencias.
La responsabilidad es tanto de las autoridades de turno como de los empresarios, teniendo presente que cualquier traba o suspensión sobre esta creciente interrelación tendría consecuencias nefastas para la economía santafesina. En verdad, en esta era de la historia de nuestra inserción internacional, Argentina y más específicamente Santa Fe tienen el potencial necesario para generar un marco de beneficios mutuos, complementación y sinergia en las economías y los perfiles comerciales. Hay mucho trabajo para hacer por delante.
(*) Diputado provincial de Unión PRO