Por el ahogo que tiene Central con la tabla de los promedios, sumar un punto de visitante ante un rival presumiblemente superior es como sacar agua de las piedras. Es que el empate sin goles que consiguió ayer ante Lanús debe ser mirado como un buen negocio porque se logró en circunstancias desfavorables. El equipo jugó durante más de media hora en inferioridad numérica por la infantil expulsión de Gervasio Núñez y además demostró tener agallas para hacer lo que más le convenía en la adversidad, justo a una semana de disputar el clásico ante Newell’s. No es poco tratándose de un equipo acostumbrado a caerse más que a levantarse y a convivir con la sensación de asfixia permanente. Además, la igualdad le permitió romper la paridad que tenía con Gimnasia en la lucha por evitar la promoción y quedar un punto arriba de Racing si hoy pierde contra Estudiantes.
































