Viendo por canal América un informe sobre el comercio ilegal de celulares, recordé una situación que viví hace pocos días en la plaza Sarmiento. Mientras esperaba la llegada del colectivo se me acerca un muchacho de buena presencia, ofreciéndome un aparato celular con la sola contraprestación de brindarle mi DNI y completar un formulario. Para seguirle la corriente demuestro un falso interés y empiezo a hacerle objeciones lógicas a su propuesta, las cuales eran rebatidas con argumentos pocos convincentes para el razonamiento normal de cualquier individuo medianamente formado. Le dije: "El equipo me gusta, pero me resulta raro que con solo darte mi DNI pueda comprarlo y me responde: "Ehh, sí es como decís Negrito, pero hoy las compañías tienen más interés en facturar consumo que venta de aparatos". Luego me dice: "Bueno vamos a los números, como queriendo concretar la operación". Extraigo mi DNI y al ver el que la transacción era posible, le avisa a una persona que estaba cerca levantándole la mano: "César, César hice otra venta", y luego me aclara que esa persona era como una especie de jefe que controlaba su productividad. Obviamente, luego argumenté una imposibilidad, y rápidamente ascendí al colectivo que esperaba. Luego pensaba cuantos distraídos transeúntes deben caer en la trampa de esta supuesta y delictiva organización. Al alejarme veía cómo este sujeto seguía insistiendo con otras personas y cómo su supuesto jefe (César) conversaba con una mujer, sin prestarle atención a sus movimientos.



































