POLICIALES

Cayeron armados y las escuchas a uno de sus teléfonos desnudó el accionar de un grupo de tiratiros

Un joven fue imputado por el ataque a balazos contra una oficina del Servicio Penitenciario y una casa de la zona oeste a partir de mensajes de su celular.

Miércoles 17 de Marzo de 2021

“Hay para hacer algo ahora, hay 80 palos”. El mensaje del "Enano" desde alguna cárcel llegó al celular de Iván sobre las 19 del pasado 13 de octubre. “¿Qué hay que hacer? ¿Dónde?”, respondió el joven de 24 años. “Bajar a uno, te paso la dirección”, respondió el Enano y mandó una foto con explicación: “Ahí está la casa, Cochabamba antes de llegar a Garzón, la última casa. A cualquiera que esté ahí adentro tenés que darle. Bajás a uno o 29, la plata va a ser la misma. Ochenta palos, apenas lo hagas me avisás”. Dos días después, a las 15.15 del 15 de octubre, Iván confirmó: “Ayer hicimos el laburo. ¿Un tal colombiano?” No se pudo constatar si los tiratiros finalmente cobraron un trabajo que, afortunadamente para las víctimas, no fue más allá de un susto y tres impactos de bala contra una pared y la heladera.

Se presume que diálogos como este determinan la mayoría de las balaceras contra casas y personas que en los últimos años marcan a fuego la cotidianidad rosarina, cada vez más atravesada por decisiones tomadas en las cárceles. Sin embargo pasar de la presunción a la evidencia implica un minucioso trabajo que, tal como el resultado de cada balaceras, también depende del azar y aquello que haya quedado registrado en los teléfonos de los protagonistas. Un trabajo hormiga que a veces da sus frutos, como ayer, cuando un joven detenido desde hace cinco meses fue imputado de dos balaceras ocurridas días antes de caer a bordo de un auto robado con otros dos pibes a metros de la cárcel de Piñero y con un arma de guerra lista para gatillar.

Además de la balacera sin heridos contra esa casa Iván Emanuel H. también fue acusado por un ataque a tiros _todo en octubre de 2020_ contra una oficina del Servicio Penitenciario ubicada en Alsina al 1600. La fiscal Valeria Haurigot, del equipo que investiga delitos con armas de fuego, le imputó intimidación pública y daños, además de pedir que siga detenido por el plazo de ley de hasta dos años.

En una zanja

Cerca de las 16.30 del 16 de octubre de 2020 Iván estaba con Ignacio Sebastián M., de 19 años, y Esteban Ezequiel G., de 21, a bordo de un Peugeot 207 gris en cercanías del Camino Viejo a la Estancia, en el kilómetro 15 de la ruta 14. La presencia del vehículo, a unos 200 metros de la cárcel de Piñero, despertó la curiosidad de policías que patrullaban la zona se acercaron. Pero los jovencitos no estaban para hacer nuevos amigos. Ignacio encendió el motor para huir despavorido pero el auto terminó derrapando hasta quedarse en una zanja. También fue infructuoso el posterior intento de huir a pie.

Los tres terminaron imputados por portación de arma de fuego de guerra, una pistola Bersa plateada calibre 380 cargada con doce balas y otra en la recámara en condiciones de ser disparada sin titubear. Al conductor del auto le sumaron la imputación de encubrimiento por ánimo de lucro ya que el Peugeot había sido robado. No obstante, los detenidos también estaban bajo la lupa por otros hechos delictivos por los cuales continuaron en prisión preventiva más allá de que no se supiera qué hacían en un auto robado con un arma de guerra a 200 metros de una cárcel.

Cinco meses después, el celular secuestrado esa tarde a Iván comenzó a aclarar otras historias. A partir de diálogos de Whatsapp rescatados del aparato, el equipo de la fiscal Haurigot estableció una relación entre Iván y el Enano, del que sólo se sabe que está preso y al parecer comanda un emprendimiento de balaceras, aprietes y homicidios por encargo, una redituable actividad económica muy en boga en las cárceles de casi todo el país.

Trabajos

Ese vínculo, similar al de un jefe y un empleado, fue corroborada en incidentes que hasta ayer no tenían imputados como la balacera del pasado 12 de octubre a una dependencia del Servicio Penitenciario de la provincia donde alguna vez funcionara el patronato de liberados. Tres días antes el Enano había hecho el pedido para balear esa sede de Alsina y Pellegrini.

“Hay cámaras a full ahí, mi vieja vive a dos cuadras”, le dijo Iván, sin saber que meses después ese dato sería una evidencia en su contra. El Enano le dijo que se acercara a ver cómo era el lugar. El tiratiros le contó luego que el sitio parecía una empresa, que no había seguridad y que “ayudan a la gente que sale de estar en cana”.

“¿Tiene las banderas?”, preguntó Enano. “Sí, una de Santa Fe y una de Argentina”, detalló el aspirante a sicario. Al parecer los días siguientes hubo algunas rispideces entre ambos por no ponerse de acuerdo con los precios de los trabajos. Pero Enano insistió con el ataque a la dependencia estatal que, en efecto, fue baleada cerca de las 13.30 del 12 de octubre. Un vecino vio pasar rápido a dos hombres en una moto de 150 centímetros cúbicos de la que no recordaba el color. Tampoco pudo aportar cómo iban vestidos los tiradores.

>>Leer más: Motociclistas balearon otra vez la oficina del Servicio Penitenciario Provincial

En la fachada de la oficina se constataron tres impactos de bala y en la calle se levantaron seis vainas servidas que daban cuenta de al menos media docena de disparos. Tal como informó Iván le pasó a su empleador a las 16.20 de ese día: “Amigo activé Pellegrini. Seis en la ventana”.

Más allá de estar domiciliado, tal como le había dicho al Enano, a dos cuadras de donde fue el ataque, Iván también quedó comprometido por otro dato que aportó su celular: entre los elementos buscados había más de 12 búsquedas de la noticia sobre esa balacera en distintos portales.

Valores

Luego del episodio, ese mismo día, habría surgido una desavenencia en cuanto al precio de los trabajos. Al parecer Enano le dice que los 80 palos que le había pedido Iván para unos pibes era mucho. “Yo a los pibes le doy 20. Yo te entiendo amigo vos necesitas todo pero no, gracias”, le dijo al tiratiros. Iván respondió con una serie de mensajes: “Cómo hacemos entonces. Cuánto me das por lo que hice. Yo ya hice el de Pellegrini amigo. Dame 40 aunque sea y a lo otro de allá de los pibes les digo que no. O decime cuánto les das por ese laburo”.

Como sea, al día siguiente cayó el encargo para balear la casa de Cochabamba al 6000. La noche del 14 de octubre, relató a la policía una mujer que dijo vivir allí desde hacía poco, dos hombres vestidos con ropa de trabajo con líneas refractarias habían llegado allí a bordo de una moto negra, preguntaron por un hombre que vivía allí y se fueron. Acto seguido la denunciante se encerró en el baño con sus hijos y llamó al 911. En ese momento escuchó lo que parecieron ser disparos.

La policía constató dos impactos de bala en la pared y uno en la heladera. Luego se supo que en esa casa, no se sabe si al momento del ataque o no, “habrían residido personas de nacionalidad colombiana imputadas por entraderas en 2018”.

¿Qué hacían?

Las imputaciones contra Iván como tiratiros a las órdenes de un preso echaron algo de luz sobre qué hacían los tres detenidos con un arma a dos cuadras de la cárcel de Piñero. Es que más allá de los hechos imputados a partir de la pericia al celular de Iván, se desprende otro trabajo encargado de la misma manera.

“El 16 sale uno de estar preso y hay que darlo de baja, te doy 200 palos”, encargó Enano a Iván. “Lo tengo que hacer sí o sí, contestá”, “Tenés que rescatar un auto, no lo compres vos, tirá la línea para comprar un auto”. Esos mensajes, para la fiscal, dan cuenta de las intenciones del trío apresado el 16 de octubre del año pasado.

Y si bien no se formularon imputaciones, esos datos fundamentaron la prisión preventiva para los tres que a pedido de la fiscal Haurigot dictó el juez Gonzalo López Quintana, para quien la investigación demuestra con evidencias contundentes las sospechas sobre el trío. Más allá de que todavía restan pericias como una al celular de Esteban G., quien podría estar involucrado en un homicidio.

“Los diálogos muestran cómo funciona el crimen por encargo, los pagos, la disponibilidad de gente para cometerlos. Fue un esfuerzo muy grande atar cabos y llegar a imputaciones, es muy difícil pero se pueden lograr”, concluyó en diálogo con este diario Haurigot, una de las fiscales que investiga y relaciona hechos con armas de fuego, convencida de que “en el 99% de los casos las personas que portan armas de guerra es porque las usan”.

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