"Estamos vivos de milagro. Si cuando los ladrones quisieron entrar a mi casa yo
no estaba detrás de la puerta, no sé si podría contar lo que pasó". La frase, cargada de
dramatismo, la pronunció Marcela Comparetto. La mujer es esposa de Claudio Ruiz, empleado de una
distribuidora de pollos y dueño de una pollería, que la madrugada de ayer fue golpeado con
brutalidad por cinco asaltantes en una cochera de la zona sur a la que había ido a buscar su auto
para ir a trabajar. La expresión de la mujer se refuerza cuando recuerda que, antes de marcharse
con el botín de 3 mil pesos, uno de los ladrones efectuó dos o tres disparos que no alcanzaron a su
marido.
Ruiz tiene 43 años y dos hijas. Trabaja en la distribuidora de pollos San
Cayetano, en Ibarlucea, y es propietario de una pollería de San Martín y Rueda. Cerca de las 3.30
de ayer el hombre salió de su casa de pasaje Zanni 695, una cortada ubicada entre Buenos Aires y
Juan Manuel de Rosas al 2900, y recorrió los diez metros que lo separan de la cochera donde guarda
su auto para iniciar la semana laboral. Pero apenas abrió la puerta del garaje fue emboscado por
cinco hombres que lo esperaban desde hacía un rato a bordo de un auto.
Marcela contó que los delincuentes empujaron a Ruiz al interior de la cochera y
actuaron con ferocidad. Una andanada de puñetazos y culatazos impactaron en el cuerpo del hombre.
"No me pudo contar con muchos detalles lo que le pasó, pero los tipos lo golpearon mucho porque él
intentó defenderse", explicó la mujer.
A Ruiz lo doblegaron los golpes y la superioridad numérica de los malhechores
que le quitaron el maletín en el que llevaba documentación de la distribuiodora, una billetera con
3 mil pesos y la llave de su casa. Después le ataron las manos y los pies con cinta de embalar y lo
dejaron tirado en un rincón.
Tras ello, los delincuentes fueron hasta la casa de Ruiz con la intención de
entrar a la propiedad. Cuando uno de los maleantes puso la llave en la cerradura se topó con que
Marcela estaba detrás de la puerta en una suerte de vigilia.
A los gritos. A los diez minutos de la partida de su esposo, Marcela aún estaba
levantada y escuchó que alguien intentaba abrir su casa. "¿Claudio sos vos?", preguntó. Y desde la
calle alguien le respondió: "Sí, abrime que soy yo". Pero la mujer reconoció que no era su esposo
y, desesperada, puso su llave en la cerradura del lado de adentro mientras le replicaban: "Abrime,
que ya viene Claudio".
Ya para entonces, los gritos de Marcela clamando por ayuda habían sobresaltado a
los vecinos, que empezaron a prender las luces de sus viviendas. Al mismo tiempo, una de las hijas
de Ruiz llamó a la policía.
Mientras eso ocurría en la vivienda, en la cochera Claudio zafaba de las
ataduras. Después, con la cabeza sangrando, corrió hacia su casa. "No les abras", le gritó a su
mujer cuando todavía los maleantes no se habían marchado. En ese momento Marcela escuchó dos o tres
balazos que cortaron el silencio de la madrugada. La mujer se estremeció y pensó "que lo habían
matado". Pero ningún proyectil alcanzó a Ruiz.
Los asaltantes huyeron en el auto en el que habían llegado y Ruiz entró a su
casa. Tenía la cabeza partida y golpes en todo el cuerpo. Primero lo atendió un médico del Sies y
después lo llevaron a un hospital donde los médicos le suturaron las heridas con 17 puntos. "Está
muy dolorido y lo tengo que despertar si se duerme por los golpes en la cabeza", dijo Marcela.
La policía halló en la vereda de la casa una vaina calibre 22 y en el
estacionamiento un rollo de cinta de embalar que desapareció a pesar de que un agente se quedó para
asegurarlo como prueba. "En la cinta pueden haber quedado huellas digitales de los ladrones. Yo le
dije al policía que podía guardarla en una bolsita, pero me dijo que no podía tocar nada. Cuando
llegaron los de Balística la cinta ya no estaba. Desapareció en menos de veinte minutos, entre las
7.10 y las 8.40", afirmó.
Marcela mostró su desazón por el atraco y dijo sentirse desprotegida. "Quiero
que se investigue. Estoy cansada de que no se haga nada. Ya me robaron en la pollería (ver aparte)
y una camioneta de la cochera", se lamentó.
El caso anterior
Claudio Ruiz es el dueño de una pollería situada en el
cruce de Rueda y San Martín. Un mes atrás un grupo de desconocidos irrumpieron en ese local y se
llevaron 50 mil pesos de la recaudación. Ocurrió el mediodía de un sábado, cuando algunos empleados
bajaban cajones con pollos en el comercio. Nadie resultó lesionado.