Soy una mujer de 45 años que padece desde hace dos años una lumbalgia y desprendimiento de rótula que me impiden totalmente el desplazamiento. Se me hace difícil conseguir trabajo. Con dos nenas y ante la dramática situación de no tener para comer concurrí a las oficinas del Servicio de Empleo, de Buenos Aires 856, para asesorarme sobre cómo paliar los angustiosos momentos que vivo. Mi sorpresa fue el total desinterés de las personas que allí atienden. Malhumoradas, irrespetuosas, trabajando a desgano (y yo deseando trabajar) con la palabra "no" a todas las inquietudes presentadas. Salí de allí sintiendo la desazón de haber sido abandonada en el desierto de la incertidumbre. Habían lastimado con su aridez mi poca dignidad y sé que muchas personas como yo se han sentido bloqueadas, intelectual y espiritualmente y literalmente "asesinadas". Entonces, me dirigí (muletas de por medio) al Distrito Oeste. Allí no sólo se están ocupando de resolver mi problema, buscando todas las opciones posibles para mejorar la calidad de vida mía y de mis hijas sino que de forma desinteresada (y por el mismo bajo sueldo municipal) me alientan a seguir luchando, a mirar el sol cada mañana con una sonrisa. La dedicación y lo expeditivo de mi caso merece ser destacado. Mis felicitaciones a Alejandra Williams y a todo su equipo (área de la Mujer/Promoción Comunitaria). Personas como esas son las que nos hacen soñar con un futuro mejor.































