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Barenboim y Argerich dieron histórico concierto en Berlín

Dos leyendas de la música clásica se sentaron juntos al piano por primera vez en décadas. Fueron largamente ovacionados entre gestos de complicidad y cariño entre ambos.

Domingo 20 de Abril de 2014

Los argentinos Daniel Barenboim y Martha Argerich, dos leyendas vivas de la música clásica, se sentaron ayer juntos al piano por primera vez en décadas para ofrecer un concierto a cuatro manos ovacionado de pie por el público de Berlín.

La mítica sala de la Filarmónica de la capital alemana vibró con los dos pianistas interpretando obras de Mozart, Schubert y Stravinsky, el mismo programa que ofrecerán el 5 de agosto en el teatro Colón de Buenos Aires, su ciudad natal.

Los continuos gestos de cariño y complicidad entre ambos dejaron claro que el concierto no fue sólo una de las citas musicales del año, sino también un motivo de alegría personal para dos artistas amigos desde hace más de 50 años y que también desde hace décadas ya no residen en la Argentina.

Argerich, considerada una de las mejores pianistas de la historia, y Barenboim, director de la Opera Estatal de Berlín y uno de los grandes orgullos musicales de la ciudad, ya habían actuado juntos el año pasado también en la "Philharmonie", aunque entonces con Barenboim en su rol de director.

El concierto de ayer, sin embargo, fue el primero desde los años 80 que volvió a sentar a ambos al mismo piano. "La quiero y la admiro desde que tengo siete años", dijo Barenboim hace pocos días sobre su reencuentro con Argerich.

Nacidos en Buenos Aires con sólo un año de diferencia, Argerich (1941) y Barenboim (1942) mantienen desde la infancia una amistad que nació cuando ambos se encontraron debajo de un piano. El padre del director de orquesta, Enrique Barenboim, tuvo además el mismo maestro de piano que Argerich, Vicente Scaramuzza.

"De pronto me dio la sensación de que los dos éramos uno. No sólo musicalmente, sino también físicamente", explicó Barenboim a la agencia DPA en septiembre tras volver a ensayar con Argerich. "Sin duda, es algo físico", añadió la pianista.

Esa unión se materializó ayer a la vez que progresaba el programa en la Filarmónica.

Barenboim y Argerich enlazaron sus pianos en la "Sonata en Re mayor para dos pianos", de Wolfang Amadeus Mozart, hasta sonar con una misma voz y una misma respiración. Luego se sentaron codo a codo para desgranar con virtuosismo pasmoso las "Variaciones sobre un tema original para piano a cuatro manos", de Franz Schubert.

El programa cerró con una exquisitez: la versión para piano a cuatro manos de "La consagración de la primavera" que Igor Stravinski ensayó con Claude Debussy en 1912, un año antes del escandaloso estreno de la obra en París.

Sentados en dos pianos, Argerich y Barenboim encarnaron la proyección y la variedad de recursos de la gran orquesta de Stravinsky para plasmar los paisajes hipnóticos y los ritmos rituales de una pieza que cambiaría la música del siglo XX.

El concierto de algo más de dos horas terminó con una estruendosa ovación del público en una Filarmónica a rebosar. Barenboim arrancó una flor del ramo que recibió en el escenario y se lo entregó a Argerich dándole un beso en la frente.

La tarde fue uno de los puntos fuertes del Festival de Pascua que organiza la Staatsoper de Barenboim. Argerich volverá a participar en la edición del año que viene, aunque esta vez Barenboim volverá a acompañarla desde el púlpito de director de orquesta.

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