El prostíbulo está ubicado prácticamente en el corazón de Pichincha y funcionaba
sin que aparentemente se alterara la calma del barrio. Para muchos vecinos ya era una parte natural
del paisaje, uno más de los varios burdeles que hay en la zona. Pero ayer, poco antes de las dos de
la tarde, el lugar quedó expuesto definitivamente por un violento episodio de sangre. Una de las
mujeres que allí trabajan recibió un balazo en la cabeza cuando, al parecer, se resistió a un robo.
Anoche, como consecuencia de la herida, se encontraba internada en gravísimo estado con un
proyectil que le ingresó por la nuca y le quedó alojado en el cráneo. El agresor, que había
ingresado al lugar sin ejercer violencia, alcanzó a escapar llevándose algo de dinero y un par de
teléfonos celulares.
"En principio todo indica que fue un hecho de robo", afirmó en el lugar el jefe
de la policía local, comisario mayor Osvaldo Toledo. Esa hipótesis, que fue la primera que
construyó la policía en base al testimonio de una compañera de la víctima, no implicaba para los
pesquisas descartar otras, como una venganza, o incluso algo pasional.
Las casas de citas han sido blanco de atracos en los últimos tiempo y el caso
más resonante fue el que tuvo lugar en el privado de Mendoza al 900, en el que fue asesinado de un
disparo Emanuel Dal Mastro, un policía que cubría un servicio de seguridad adicional trucho (ver
aparte).
Un hombre solo.Todo sucedió a las 13.50 de ayer en un edificio que se levanta en
Brown 2779, entre Ovidio Lagos y Callao. Se trata de un inmueble de planta baja y dos pisos, a los
que se accede por una escalera de madera y una puerta que sólo puede ser abierta con llave o por el
portero eléctrico que se acciona desde el interior.
En el primer piso, que cuenta con dos dormitorios, un pequeño patio interior y
que mira a la calle, funciona una casa de citas donde al parecer trabajaban dos mujeres. Ese lugar
había sido alquilado hace tres años por quien resultó víctima del ataque, Marta Penayo.
Nadie en ese sector de Pichincha, a dos cuadras de la ex estación Rosario Norte,
con un tránsito de vehículos y personas bastante intenso, y una sala velatoria ubicada a escasos
metros, observó o escuchó a esa hora nada raro hasta que la compañera de Penayo salió a la calle en
estado de shock en busca de ayuda.
Según pudo reconstruir la policía, Penayo se encontraba junto a su compañera
cuando poco antes de las 14 llegó al lugar un hombre solo. Los investigadores no sabían si esa
persona era conocida de las mujeres. Una versión indicaba que sería un cliente habitual que estuvo
la noche anterior con Marta y que ayer se acercó al lugar presuntamente con intenciones de cometer
un robo. Lo cierto fue que Penayo recibió un balazo que le ingresó por la nuca y le quedó alojado
en el cerebro.
El ataque habría sido consecuencia de un intento de asalto y se produjo cuando
el agresor se encontraba solo con su víctima. Siguiendo esa línea de investigación, el ladrón, que
tendría entre 30 y 35 años, disparó contra la mujer cuando ésta intentó defenderse. Y, en ese
marco, los investigadores confiaron que en el lugar se halló un aerosol con gas pimienta que
pertenecía a Marta. "Había un poco de desorden y el frasco estaba en el piso. No sabemos si llegó a
usarlo", consignó una fuente de la pesquisa.
Escaso botín. Tras el disparo, el agresor tomó un poco de dinero, un par de
teléfonos celulares y huyó del lugar sin ser visto por testigo alguno. Tras él, la amiga de Penayo
salió a la calle a buscar ayuda.
"Llamen a la policía", alcanzaron a escuchar los vecinos de la cuadra que
gritaba la mujer. Eso fue lo único anormal que se vio ayer a la tarde en el barrio y, después, el
arribo de varios móviles policiales que empezó a alterar la soleada siesta.
La víctima fue trasladada en una ambulancia del Sies al Hospital de Emergencias
Clemente Alvarez, donde quedó internada en gravísimo estado y con un pronóstico reservado, según se
informó anoche.
Los vecinos de la cuadra, en tanto, contaron que la actividad o el movimiento
que se daba en el puticlub era algo que pasaba completamente desapercibido para propios y extraños.
"Jamás tuvimos problemas. Es más, las mujeres del lugar siempre se mostraron con buenos modales y
nos enteramos de que era un privado por ellas mismas", sostuvo una mujer de las tantas que se
reunieron en la vereda de enfrente del prostíbulo tras el arribo de los patrulleros.
Todos coincidían en que no se escucharon gritos ni disparos. "Nos enteramos
cuando salió la otra chica a pedir ayuda", precisó la vecina.
Si bien las fuentes de la investigación indicaron que Penayo había alquilado el
inmueble a su nombre y que vivía allí, los vecinos de la cuadra indicaron que las mujeres sólo
trabajan allí en horario nocturno.