Ha transcurrido un tiempo relativamente corto desde que dejó de existir en Rosario un benefactor de la humanidad, y un importante profesional que brindó además aportes a la ciencia, a través de sus libros. Este ilustre personaje fue el doctor Esteban Laureano Maradona, que voluntariamente quiso compartir los últimos rayos de sol que lo alumbraban con los habitantes de estas latitudes. El doctor Maradona fue declarado ilustre por y en la legislatura de la ciudad de Santa Fe, y en el Concejo Municipal de Rosario. Todos sus méritos avalan a mi criterio, perpetuar su nombre en la próxima designación para la obra vial autopista Rosario-Córdoba. Cabe consignar que además de elegir nuestra ciudad para su reposo final, en su momento cursó estudios de medicina en la ciudad de Córdoba. Como reflexión final deseo fuertemente que este homenaje recaiga sobre alguna persona que no arrastre en su haber cuestiones de vida conflictiva, en lo que atañe por lo menos a funciones públicas en ningún aspecto.
































