Argentina tiene 2.791.810 kilómetros cuadrados, es el octavo país más extenso del planeta y alguna vez estuvo entre los 10 países más importantes del mundo. Sin embargo, hemos vivido en las últimas décadas un proceso de lamentable decadencia. La pobreza física y moral se ha extendido en toda la república, en modo especial se ha concentrado en el Gran Buenos Aires, donde la situación tiende a volverse incontrolable. La provincia de Buenos Aires concentra el 38 por ciento de la población del país; ese proceso de concentración no se ha detenido en los últimos años. Ningún gobierno ha tenido la valentía y decisión de encarar un proceso de desconcentración de la población creando nuevas poblaciones y nuevos polos de desarrollo en el interior del país. La creación de focos de interés llevará un proceso paulatino de ocupación real del territorio nacional, así como a un cambio del mapa político, evitando que se digite la política. Un proceso de esta naturaleza permitirá el renacimiento de una Argentina productiva y un crecimiento exponencial de las exportaciones y un aprovechamiento de recursos naturales. Y con sentido nacional, llevar la capital al interior para descentralizar el país. Es necesario realizar obras de infraestestuctura, autopistas, puentes, vías férreas, riego, escuelas y otorgar créditos para nuevos emprendimientos a todas las provincias con sentido federal para quintuplicar la producción. Si no reaccionamos profundamente, terminaremos por perder la ilusión y la esperanza que es el principal motor del progreso, y la confianza, que es lo primero que se pierde y lo último que se recupera. Hemos perdido demasiado tiempo, hemos perdido décadas. Es inadmisible que Brasil, que en la década del 70 tenía 43 millones de cabezas de ganado, contra 43 millones de la Argentina, hoy tiene 218 millones contra 44 de nuestro país, con el agregado de que ha mejorado notablemente la calidad, convirtiéndose en el primer exportador mundial. Incluso Uruguay, con 176.215 kilómetros cuadrados, exporta más carne bovina que la Argentina. Dijo Borges: "Los argentinos no somos malos, pero colectivamente no existimos".
































