La causa penal por la grave lesión genital que una joven discapacitada de 14
años sufrió durante su internación en el Sanatorio de Niños en enero de 2005 fue archivada sin que
se esclareciera la causa del desgarro vaginal que padeció la chica. El caso provocó una cerrada
controversia entre el establecimiento privado, que denunció que la menor sufría abusos sexuales
crónicos, y los padres de la chica, quienes aseguran que fue violada dentro de la sala de terapia
intensiva.
La jueza de Instrucción Raquel Cosgaya archivó las actuaciones respecto de doce
empleados del sanatorio —médicos, enfermeros, mucamas, un cirujano y una ginecóloga—
que no estuvieron imputados de delito alguno pero habían prestado una declaración informativa, una
figura intermedia entre la indagatoria y el simple testimonio como testigo. Lo hizo al no encontrar
modo de probar qué causó el desgarro de periné sufrido por la chica mientras estaba en coma
farmacológico tras una cirugía de cráneo.
También adoptó esa medida respecto del padre de la menor, que había sido
interrogado en iguales términos por haber visitado solo a la chica la noche en que sufrió el
desgarro (iba fuera de horario por razones laborales) y ante la sospecha, referida por el
sanatorio, de que sufriera abusos sexuales crónicos. No obstante, la jueza consideró probado por
pericias médicas que la chica tenía en su zona genital rasgos de abuso sexual crónico, por lo que
le dio intervención a un juzgado de familia y a un asesor de menores por el estado de indefensión
de la chica. La menor es discapacitada motriz e intelectual y desde la cirugía no volvió a
hablar.
"Puede afirmarse que, conforme a la experiencia, la situación de abuso de los
menores de edad generalmente lo es dentro de su ámbito familiar y relacional más cercano", planteó
la magistrada. Por ese motivo también dio cuenta de la situación al Consejo Provincial de Niñas,
Niños y Adolescentes.
Sin motivos. Cosgaya intervino en suplencia al jubilarse el juez original de la
causa, Jorge Eldo Juárez, quien antes de retirarse había dispuesto la indagatoria de un enfermero
que estuvo de guardia la noche en que la chica sufrió la lesión y del cirujano que al día siguiente
suturó el desgarro. La cirugía se practicó luego de que una enfermera advirtiera el corte en el
periné de la chica al cambiarle el pañal.
Para la jueza no se advierten elementos en la causa que justifiquen esa medida. Con respecto al
cirujano tuvo en cuenta que operó a la chica, le realizó un hisopado (que descartó la presencia de
semen) y entregó la hoja quirúrgica al gerente del sanatorio, quien dio cuenta al juzgado de
Menores en turno. Esa conducta, para la jueza, no consistió en un entorpecimiento de la
investigación. Tampoco encontró motivos para incriminar al enfermero. La fiscalía apeló esa
decisión y el expediente quedó en manos la fiscal de Cámaras Cristina Rubiolo, quien estudia el
caso para emitir su dictamen.
Dos incógnitas. La investigación giró en torno a dos cuestiones: a qué obedeció la lesión
sufrida por la chica dentro del sanatorio y si presentaba un hábito de coito antes de su
internación. La lesión aguda que registró dentro del sanatorio fue un "desgarro perineal desde la
mucosa vaginal posterior al orificio anal". No se pudo precisar qué la motivó, aunque una junta
médica descartó la penetración como causa. Se produjo entre la noche y la mañana del lunes 10 de
enero de 2005. La chica había entrado al sanatorio el 24 de diciembre anterior para su quinta
operación de cerebro.
La joven víctima de esta compleja historia, de la que no puede hablar, vive en una casa de clase
media con sus padres. Su mamá es docente y su papá atiende un comercio. Desde los tres años la nena
fue tratada en el sanatorio de Alvear al 800, donde le detectaron un tumor maligno en el cerebro
por el que fue sometida a cirugía, radiación y quimioterapia.
Este tratamiento le dejó múltiples secuelas y alteró su desarrollo. Pese a tener 15 años al
momento del hecho, pesaba 35 kilos. La radiación temprana le provocó problemas en el crecimiento,
para caminar, diabetes y epilepsia. La operación fue para tratar un hematoma que le presionaba el
cráneo tras golpearse la cabeza en su casa durante un ataque de epilepsia.
Una lesión, dos denuncias. La mañana del 10 de enero la enfermera de la sala de terapia fue a
realizarle un cambio de pañal a la nena, que estaba sedada, y descubrió que tenía una hemorragia y
lo comentó a la mamá, que aguardaba el horario de visita, que la nena estaba menstruando. La madre
replicó que eso era imposible por una deficiencia hormonal debido a la radiación.
La enfermera convocó a una ginecóloga y luego de limpiarle la herida descubrieron que tenía un
corte completo entre la vagina y el ano. Se dispuso anestesiarla para suturar la herida. A los
padres le dijeron que iban a realizarle una "exploración vaginal". Los padres cuestionan que el
sanatorio recién les comunicó que su hija presentaba un desgarro vaginal tras la sutura.
La jueza entiende que esa reserva era atendible, ya que en el quirófano, según declaró la
ginecóloga, se detectó la ausencia total de himen y lesiones crónicas anales y vaginales propias
del abuso sexual recurrente. La profesional sostuvo que "cuando vio a la paciente ya anestesiada,
con las piernas en alto, no le cupo ninguna duda de que era un abuso crónico".
Con copias de la actuación médica y fotos tomadas antes y durante la cirugía, el sanatorio le
dio intervención al día siguiente al entonces juez de Menores Jorge Zaldarriaga, quien prohibió que
el padre permaneciera solo con la chica. Los padres, por su parte, denunciaron en la fiscalía en
turno la lesión sufrida por la chica en el sanatorio y negaron terminantemente que sufriera algún
tipo de abuso.
La definición. En base a las pericias médicas surgió como "improbable" en la causa que la lesión
dentro del sanatorio obedeciera a penetración. El desgarro fue adjudicado a otras causas, como
"presión ejercida por el mismo sobre la zona o maniobras digitales". Para la jueza tampoco puede
descartarse, por fragilidad de los tejidos de la nena debido al uso frecuente de pañales, que la
herida se produjera por las maniobras propias del cuidado de su cuerpo sin fines sexuales.
La jueza sí consideró demostrado que la chica presentaba lesiones de antigua data propias de
abuso sexual frecuente (ver aparte). Pero con respecto al desgarro que ocasionó esta controvertida
causa, a más de cuatro años, "no ha podido concluirse quién resulta autor presunto de la lesión y
menos aún su intencionalidad sexual. No es posible validar la existencia de un abuso sexual como
única causa de la lesión verificada, ni tampoco descartarlo", opinó antes de ordenar que el
expediente vaya al archivo.