Tanto en el Concejo Municipal como en la Intendencia se tratan distintos tipos de problemas. Algunos se solucionan, otros no. Pero hay uno que prácticamente no se trata: los plátanos. Rosario está saturada de estos árboles, que traen más perjuicios que beneficios. Lo único positivo es la gran sombra que hacen en el verano. Pero son muchos los aspectos negativos: 1) problemas de inseguridad producidos por sus enormes ramas, que tapan en su totalidad el alumbrado público con los obvios inconvenientes; 2) produce anegamientos e inundaciones, porque sus hojas (que caen casi todo el año) y esa extraña pelusa obstruyen las bocas de tormenta, impidiendo el normal desagote de las lluvias; 3) produce trastornos de salud, ya que su pelusa nos produce a cientos de miles de personas una alergia insoportable; 4) rotura de veredas y cañerías por la expansión de sus raíces; 5) cuando se producen fuertes tormentas, la caída de sus enormes ramas sobre las casas y automóviles ocasionan más inconvenientes. En fin, propongo que haya una poda que al menos amortigüe un poco todo lo antes mencionado y un posterior recambio de estos ejemplares por otros que tengan un mejor perfil urbano.



































