Es de considerar triste y lamentable que políticos, tal vez comprometidos por ciertas presiones u obrando por iniciativas propias, hayan decidido proceder en forma negativa, al tratar el proyecto de aplicación del 82 por ciento sobre el salario mínimo vital y móvil para los jubilados. Esos pasivos que aportaron toda una vida y que hoy cobran la mínima cayendo en el absurdo incluso de tratarlos desestabilizadores, estafadores para justificar su accionar. Qué bueno y necesario sería que agrupaciones de pasivos reunidos en comisiones, verificaran a esos políticos de sus situaciones económicas, sabiendo ya de antemano que sería imposible comprobar sus entradas monetaria, patrimonios inmobiliarios, pero, como se dice en la jerga popular "aunque más no sea..." analizar cuánto de abastecidas están sus heladeras para compararlas con el vacío de las nuestras, olvidadas ya de las botellas de aperitivos, de la carne, del trozo de queso fresco, entre decenas de cosas, y sin contar los medicamentos que no podemos comprar. También es motivo de vergüenza ajena ver que, trabajadores, futuros jubilados festejen el veto a una iniciativa que solo necesitaría ser mejorada y acondicionada para que perdure en relación a sus sueldos. Basta pensar que en Francia, en estos días, se movilizó todo el país en defensa de los derechos de los "viejos" laburantes.
































