El maltrato a los animales genera en mí un profundo malestar, porque el dolor es uno solo y los animales son seres vivos que con frecuencia lo padecen. Por ello, no dudé en presentar ante el juzgado correccional Nº 3 mi queja contra un vecino que prodigaba no precisamente amor a su mascota. Los gemidos del perro eran constantes y así lo expresé a Sebastián, un diligente empleado del juzgado que en solidaridad con mi angustia, impulsó la causa de inmediato. Forzado por el imperio de la ley, mi vecino ha cesado en su conducta de maltrato. Hago por lo tanto público mi agradecimiento al aparato judicial, instando en casos semejantes a formular la denuncia. Apostar a una justicia solidaria es algo que nos compete a todos.





























