Los salarios son una compensación; una relación de intercambio entre las personas y una organización, en donde cada cargo o función tiene su valor. Sólo se puede remunerar con justicia y equidad a los ocupantes de un cargo si se pondera el valor de ese cargo con relación a otros en la misma organización. La Nación es la organización que contiene a las Fuerzas Armadas (FFAA), que constituyen la “estructura de defensa” y, en comparación con las otras estructuras del Estado como la Afip, la Justicia, reciben compensaciones marcadamente inferiores. La comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, la señora presidenta, anunció en julio del año pasado, un aumento del 20 % que aún no ha concretado, en tanto ya varios estamentos del Estado que, sí recibieron aumentos en el 2012, se encuentran actualmente negociando un nuevo incremento de sus haberes en el orden de un 25%. Sería un acto de justicia rever la política salarial de nuestras FFAA que en la actualidad se encuentran marginadas con respecto a otras estructuras de la Nación y que además no pueden tener un andamiaje gremial que les permita participar en paritarias, como lo hace todo el espectro de trabajadores del país. Esta debilidad tiene su contrapeso por la dependencia directa de las FFAA del Poder Ejecutivo nacional; lamentablemente en la actualidad, éste incumple con sus promesas y se desentiende de las necesidades de sus subordinados directos por los que todo jefe tiene la obligación de velar.
































