En septiembre del pasado año Ansés resolvió unilateralmente darme por muerta. Desde entonces, no obstante la regularidad de mis inútiles reclamos, no conseguí que esa administración me reintegre al mundo de los activos vivos. Para esta gente sigo muerta. ¿Error humano? ¿Traspié informático? ¿Omisión del sistema? Como consecuencia de tamaño despropósito llevo diez meses haciendo infructuosos reclamos sin respuesta, tratando de sobrevivir con la ayuda de algún alma caritativa. Para colmo, a los ochenta años de edad, me encuentro sin cobertura médica, porque a partir de mi fallecimiento vía Ansés simultáneamente me dieron de baja en Pami. Otro organismo que también me ha dado por muerta y que tampoco da respuesta a mis reclamos, pese a que los hago al mostrador y en persona demostrando así, fehacientemente, que estoy viva. "Vaya primero a Ansés, me dicen". Es evidente que en Pami no escuchan y si escuchan se hacen los sordos. Recurro a este medio apelando a la lucidez de funcionarios que por sobre el fárrago de toda esta tramitación burocrática, con una mínima cuota de sentido común atienda mi reclamo, ponga en orden mis papeles, verifique mi supervivencia y por fin logre convencer tanto a la Ansés como al Pami de que todavía estoy viva y con derecho a mis beneficios jubilatorios y de salud que bien ganados tengo.


































