A propósito de las notas aparecidas sobre el tema de "alquiler de vientres", deseo llamar la atención sobre lo que significa esta práctica que se está difundiendo en el mundo y que se la presenta como un progreso o un avance social. Muy por el contrario, este procedimiento es una forma de explotación de mujeres en situación de pobreza que alquilan su cuerpo y constituye la promoción del tráfico comercial de personas que convierte a los niños por ellas gestados en meros productos comerciales, implantando de este modo una flagrante violación a la dignidad humana y reflotando nuevamente la abolida esclavitud. La India, el Nepal y los países vecinos constituyen un verdadero paraíso para estos procedimientos. Presentado como una forma de reproducción asistida, como un tratamiento altruista para paliar la imposibilidad de lograr un embarazo, la realidad es otra ya que el procedimiento está muy lejos de ser aséptico, dado que se acompaña —además del gravísimo problema ético enunciado- de complicados problemas biológicos, psicológicos, jurídicos, médicos, comerciales y sociales. En definitiva, lo que parece ser un bien para unos pocos y si un buen negocio para algunos, puede transformarse en un grave drama para la gestante y el niño, que puede terminar en frecuentes situaciones de abandono o en graves problemas de salud y aún muerte. Asistimos a un tiempo de defensa de los derechos humanos y de lucha contra las diversas formas de trata de personas, pero contradictoriamente se divulgan estas formas de violaciones de los derechos humanos. Creo que es tiempo de que la sociedad haga un profundo examen de conciencia frente a las circunstancias que ocurren en su interior.



































