El 12 de abril de 2010 ingresé con un familiar al Sanatorio Plaza con un diagnóstico muy desafortunado. Pasaron ocho duros meses, con entradas y salidas, y finalmente el 14 de diciembre de ese año, con todo mi dolor a cuestas, regresé sola a casa. Hoy el corazón me dicta agradecer a todas y cada una de las personas que allí trabajan, por su calidad y buen trato. Al personal de admisión, por tanta amabilidad; al personal de guardia médica, gracias doctora María Eugenia Brandolisio; al personal del laboratorio; a todo el equipo del banco de sangre-medicina transfuncional; al personal médico y enfermería de unidad de terapia intensiva. Gracias a enfermeras, mucamas y nutricionista del cuarto piso por tanta contención, cuidado y afecto diario. Jackeline, gracias por tu compañía. Y a ustedes, tan jóvenes todos y tan dedicados a esta profesión, por cierto nada fácil, doctora Carina Gumpel, Patricia Calderone, Eugenia Funes, Fernando Rosso, Mariano Ramírez. Todo lo que significaba la vida para Carlos sigue vigente. El no está lejos, sólo al otro lado del camino, inmensamente agradecido.

































