"Para que los malos triunfen, solo basta que los buenos no hagan nada", dice un refrán. Pero aquí no hay buenos o malos, aquí hay informaciones malas que perjudican el accionar conjunto de buenas ideas. Por ejemplo, en los últimos días, muchas organizaciones o personas se llenan la boca hablando del glifosato y de las técnicas de aplicaciones, como si fueran el propio diablo, todos hablan, nadie se pregunta: ¿antes del glifosato qué? ¿Qué pasaba con la producción agrícola? ¿Cómo se hacía para sembrar y qué productos se utilizaban? Seguramente, no saben. Hace poco tiempo, tan sólo 15 a 20 años, las aplicaciones por hectáreas de productos químicos se triplicaban a comparación de la actualidad. Quiere decir que en lugar del glifosato, había otros productos, seguramente cuestionados o no, que nos permitían sembrar cada hectárea cultivable de nuestra Nación; pero el mundo pidió más, más y más producción. Gracias a las innovaciones y a buenas ideas, surgieron algunas, como la siembra conservacionista y la biotecnología. Recordemos que con las técnicas pasadas, laboreábamos cada hectárea a tal punto que la tierra, tenía que quedar como un talco, fina, tan fina que los vientos la erosionaban. Ni hablar si se le había aplicado un herbicida con poderes residuales, toda la tierra se volaba y junto con ella el herbicida. Entonces hay que saber algo: un 8 a 10 por ciento del total de los gases del efecto invernadero sobre la atmósfera lo aporta la labranza del suelo y la quema de rastrojos agrícolas y forestales. Se pone mucho énfasis en la relación del siempre creciente uso de los combustibles fósiles con el calentamiento global, sin considerar que el mal manejo de los suelos y la consiguiente pérdida de carbono aceleran este fenómeno de impredecibles consecuencias. Es decir que gracias a no laborear más la tierra cultivable, haciendo técnicas conservacionistas, como la siembra directa, secuestramos carbono del medio ambiente, y para dicha técnica, una de sus herramientas es la aplicación del glifosato y la exclusión de algunos productos, antiguamente usados en la agricultura y que tenían un gran poder de residualidad. Hubo una ley de conservación de suelos, que seguramente está archivada por algún lugar, que consistía en la eliminación de impuestos al productor que aplicara ésta técnica de conservación. Gracias a éstas técnicas al mundo podemos proveerles mayor cantidad de alimentos con un menor impacto ambiental. Seguramente, dentro de éstas técnicas, tendremos cosas buenas y malas, como siempre las hubo. Consideremos que sumada la biotecnología, estamos produciendo lo que antes nos parecía inalcanzable. Mi pregunta es: ¿queremos volver al pasado?, bien, yo, noooo... Sí, quiero escuchar soluciones, no difamaciones Sí, quiero escuchar alternativas. Sí, quiero escuchar unión, convivencia. Sí, quiero escuchar responsabilidad. Sí todos, contribuimos, en forma equilibrada y educada con salud, población y producción, seguramente podemos ser una gran Nación. Para terminar, me gustaría explicar que nuestro trabajo está regulado por la Fuerza Aérea y el ministerio de sanidad vegetal, a nivel provincial y nacional, siempre con productos homologados y certificados por los organismos correspondientes, tratando de ser más profesionales día a día, conviviendo con las obligaciones y derechos como cualquier otro trabajador, cuidamos los cultivos con mucha responsabilidad, tanto en lo laboral como en lo civil. Para que el mundo pueda tener más alimentos, arriesgamos nuestras propias vidas; hay amigos que ya no están. Es por eso que orgulloso soy aeroaplicador. Merecemos respetarnos.
































