Conocimos al profesor Ricardo Falcón en 1984, cuando la noche negra de la dictadura militar se iba retirando y las aulas universitarias comenzaron a poblarse con las voces y los saberes de los intelectuales que retornaban del exilio forzado por las persecuciones, las prohibiciones y la censura. Una tarde parda y fría de otoño, como la del poema de Antonio Machado, nos encontramos con Ricardo en una aula del primer piso de la Facultad de Humanidades y Artes. Junto a otros militantes del socialismo libertario, concurrimos a dialogar con él, quien era portador de una valiosa documentación que traía de Amsterdam (Holanda), para la Biblioteca Anarquista de Rosario Alberto Ghiraldo. El generoso Rudolf de Jong y el militante ácrata paraguayo Justo Mendoza nos hicieron la importante donación de periódicos y documentos de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Con los años, las charlas con Ricardo Falcón continuaron, lo contamos como orador en actividades en el centro de estudios Sociales Rafael Barrett, debatimos muchas veces, sobre el movimiento obrero y social de la región, su historia y desventuras. Polemizamos en muchas ocasiones sobre el socialismo y sus tendencias, el radicalismo y el peronismo. Recientemente, participamos junto a Falcón e Iñigo Carrera de una mesa en el X Encuentro sobre Sindicalismo y Ciencias Sociales, acerca de la represión del Centenario contra el Movimiento Obrero. Ricardo Falcón ha muerto, pero quedan sus libros, sus investigaciones y todo esto merece que en todas las aulas de la Universidad pública se reconozca su labor exhaustiva de investigador riguroso, de formador de formadores y ante todo una profunda reflexión acerca de la práctica docente, de la enseñanza y el aprendizaje. Ha muerto un gran profesor de historia social de la región. Ricardo, amigo, que la tierra te sea leve.


































