Economia

"No hay ningún atajo para reconstruir la moneda nacional"

Sergio Woyecheszen, vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA) se mostró confiado en que la actual estabilidad cambiaria permita profundizar la agenda de la recuperación productiva. En esta entrevista exclusiva con Economía de La Capital, analizó los escenarios de corto y mediano plazo

Domingo 04 de Abril de 2021

El vicepresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Sergio Woyecheszen, reconoce que hasta hace unos meses “nadie daba dos mangos” al apostar por un escenario de estabilidad cambiaria como el actual. Todo cambió por los resultados que lograron la autoridad monetaria y el gobierno, con la lógica del “paso a paso”, para limar las expectativas devaluatorias, reducir la brecha cambiaria, y comprar dólares como en los últimos dos meses. El funcionario aclara que “nadie da el partido por ganado” pero está convencido de que esta tranquilidad impulsa a los inversores a “jugar de nuestro lado” y contribuir a tranquilizar el frente financiero.

Esta calma, subrayó, es necesaria para consolidar la “normalización de la economía” y pasar a una agenda de mayor plazo, vinculada a apuntalar la recuperación económica y orientar el crédito a la producción.

Precisamente, Woyecheszen, un economista de larga trayectoria, especializado en crecimiento y desarrollo económico, suma a la conducción del Banco Central el perfil orientado a cumplir con uno de los objetivos de la carta orgánica del organismo: promover el desarrollo económico.

Fue consultor externo de organismos internacionales, asesor del bloque oficialista de la Cámara de Diputados, subsecretario de Industria de la provincia de Buenos Aires y jefe del Departamento de Pequeñas y Medianas Industrias de la Unión Industrial Argentina (2006-2011). El lunes de esta semana estuvo en Rosario cumpliendo una intensa agenda que incluyó una conferencia en el Banco Municipal, reuniones con industriales y un encuentro organizado por el ministro de Gobierno de Santa Fe, Roberto Sukerman, con legisladores y entidades locales. En ese marco, dialogó con el suplemento de Economía del diario La Capital.

— ¿La estabilidad cambiaria que se ve hoy llegó para quedarse?

— Esto es dinámico. La verdad es que la situación cambiaria que enfrentó el Banco Central era bastante desafiante incluso antes de la pandemia. La economía venía de dos años sin crecimiento, en un régimen de alta inflación, crisis de deuda, con default de deuda en moneda propia. A eso hay que sumarle que estábamos casi sin acceso al financiamiento internacional, y con poco margen en el plano local porque se estaba reestructurando deuda. El financiamiento para sostener empresas, familias y demás, corrió por cuenta casi exclusiva del BCRA. Y eso en el marco de una brecha entre tipos de cambio que ya existía y que se exacerbó por la cantidad de capitales que habían venido a aprovechar las altas tasas de interés en el gobierno anterior y que querían irse y presionaban sobre el mercado de cambios. En ese contexto, las empresas, pensando en que no íbamos a ser exitosos en sostener esto, estaban queriendo retacear exportaciones, adelantar importaciones y cancelar deuda. Con todo eso hubo que lidiar, poniendo un montón de plata en la calle para sostener ingresos, empresas. Y empujando al sistema financiero a prestarle a las pymes, como hacía años que no hacía. Eso exacerbó muchas tensiones, que hoy aflojaron. En parte por los precios internacionales pero también porque mucha gente se terminó de convencer de que habíamos podido enderezar un poco el barco y normalizar la macro. Entonces, esas empresas volvieron a pensar en lo que tienen que pensar, que es producir. Y hemos logrado tender un puente hacia la nueva cosecha. Hoy estamos con fuerte liquidación de divisas, hay un marco negociador entre el gobierno y el FMI. Y, si la pandemia nos deja, las perspectivas pasarán por acompañar la recuperación económica, consolidarla y pasar a la agenda principal, que es hacer esto sostenible en el tiempo.

— El Banco Central compró muchos dólares en febrero y marzo pero no se refleja en el nivel de reservas. ¿Por qué?

— Durante febrero y marzo teníamos muchos vencimientos de deuda tanto con organismos internacionales. También vencían deudas de varias empresas grandes. La expectativa era que iban a tensionar sobre el mercado. Pero la buena performance del BCRA, que pocos imaginaban, nos está permitiendo hacer frente a esas cancelaciones de deuda y acumular reservas en el margen. Insisto, en dos meses en que nadie daba dos mangos porque esto sucediera. Y en el margen empezamos a acumular reservas. Con una lógica del paso a paso, en un escenario inestable, tanto por lo epidemiológico como por la situación financiera, logramos tender el puente hacia la nueva cosecha y estamos comprando divisas. La estabilidad cambiaria da vuelta algunos incentivos que tenían algunos agentes para operar en el mercado de cambios y eso ha hecho que las brechas entre los tipos de cambio estén nuevamente en mínimos desde la asunción de las autoridades este Banco Central. Eso nos da tranquilidad para lo que viene.

— ¿Qué es lo que viene?

— Reorientar créditos, estabilizar la cuestión financiera y externa, y apuntalar la recuperación de los niveles de actividad.

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— ¿Es un alivio para recomponer reservas la decisión del FMI de ampliar los Derechos Especiales de Giro para sus países miembro, entre ellos Argentina?

— Es maravilloso. Claramente la liquidez global tiene que permitir a todos los países que enfrentan problemas serios en sus balances de pagos contar con un prestamista de última instancia que te permita corregir esa cuestión. El rol del Fondo en parte tiene que ver con eso. Esta nueva creación de DEG viene en forma de reservas a la Argentina por un equivalente de u$s 4.300 millones. El desafío es fortalecer reservas, seguir trabajando en la normalización macro y que esto sirva no para usarlas en el corto plazo, sino para viabilizar una agenda de más largo alcance.

— ¿Las reservas no se están perdiendo por las intervenciones oficiales en el mercado de dólar Bolsa?

— Hace poco el ministro de Economía y el titular del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de Ansés discutieron con el ex presidente Macri respecto de este tipo de operatoria. Dejaron en claro que se han hecho operaciones que, en todos los casos, implicaron cambios de deuda en dólares por deuda en pesos y que el endeudamiento neto en moneda externa se fue reduciendo. Como eso dejó las brechas en niveles mínimos de la actual gestión, hoy buena parte de esas operaciones las hace el propio mercado. Tengo un amigo que dice que los mercados votan todos los días pero no militan. No tienen una afinidad marcada por un proyecto político sino que buscan lo que les conviene. La realidad es que cuando creyeron que la situación iba a ser complicada, operaron en favor de eso. Hoy creen que esto lo vamos a poder sostener y están haciendo negocios en otro sentido. Y eso nos quita presión en las brechas de tipos de cambio.

— ¿Qué análisis hace de cómo lograron esta estabilidad en un año de pandemia?

— Obviamente llevó tiempo. Parecía que se iba a disparar más aceleradamente el tipo de cambio y no se disparó. Ante eso, los inversores, en muchos casos sofisticados, que apuestan su plata a esos movimientos, vieron que pasaron uno, dos, tres, cuatro meses y esos movimientos no se verificaron. Entonces empezaron a desarmar esas posiciones y empezaron a jugar del mismo lado nuestro. No por militancia sino porque consideraron que se va a poder sostener lo que se logró. Me parece que es un trabajo conjunto de todos, no sólo del BCRA, sino del gabinete económico, en el camino que se inició con la reestructuración de la deuda, la recuperación de parte del mercado local de deuda y en afrontar lo peor de la pandemia sin saltos devaluatorios. Me parece que eso empieza a rendir sus frutos, obviamente acompañados por las condiciones globales que te dan precios internacionales más elevados para lo que Argentina exporta. Eso termina de incentivar también al pequeño y mediano productor, que por ahí veía que se podía complicar la cosa y ahora ve otro panorama. Y se pone a pensar en cómo y dónde invertir. Eso es lo que buscamos.

"Logramos tender un puente hasta la nueva cosecha. La estabilidad cambiaria de vuelta los incentivos "Logramos tender un puente hasta la nueva cosecha. La estabilidad cambiaria de vuelta los incentivos

— Las políticas para atender la pandemia exigieron un alto nivel de emisión ¿Cómo piensan reabsorberla?

— Una parte la va absorber la recuperación económica, que trae aparejada mayor demanda de dinero. A finales de 2019 teníamos una economía con muy bajo nivel de monetización. Hoy se volvió a niveles más cercanos a los promedios. El gran desafío, y ahí se ve la importancia de la coordinación con Economía, es seguir fortaleciendo el mercado de capital local de deuda para ir generando instrumentos que premien el ahorro en pesos a mayor alcance. Después están los instrumentos del BCRA, más confinados al corto plazo. Pero el gran desafío es normalizar la economía allí donde la gente tiene instrumentos en pesos en una curva de más largo plazo, y donde el Tesoro es capaz de emitir deuda tentadora para ahorrar a nivel local y que eso le permita financiar su política fiscal sin recurrir al BCRA. Es un proceso de normalización que estamos recorriendo. Nadie en el gobierno y en el gabinete económico cree que este es un partido ganado. Estamos en el minuto a minuto. Pero me parece que es el único camino que tenemos, no hay ningún atajo para la reconstrucción de la moneda nacional.

— ¿Están revisando las proyecciones de crecimiento para este año, que inicialmente eran del 5,5%?. En el gobierno y en el sector privado se comenzó a hablar de un número más alto.

— Hoy oficialmente la pauta es la que fija el presupuesto. Concuerdo que, con los varios interrogantes que deja la pandemia, de seguir la lógica de recuperación que se viene dando en algunos sectores, de profundizar o sumar otros sectores, se puede llegar a un nivel mayor. Ojalá ocurra. La única salida que tenemos es recuperar rápidamente el crecimiento y al mismo tiempo, ir resolviendo y profundizando parte de esta movida en términos de recuperar el mercado local para que sea sostenible.

— Hubo tensiones con el sector empresario en términos de disponibilidad de divisas para mantener la actividad ¿se está resolviendo?

— Si. Totalmente. La realidad es que salvo muy poquitos casos, cualquier empresario que hoy necesite cualquier insumo, lo embarca y no tiene ninguna restricción para pagarlo. En el marco de las brechas que se habían generado en abril y mayo, el BCRA dispuso esta regulación para frenar la aceleración de adelantos de importaciones que generaban las rispideces en el mercado. Las flexibilizaciones que se hicieron zanjaron muchos casos. Y los que quedaron pendientes, en general tienen que ver con empresas que habían importado bienes de capital y tuvieron un desfase entre pagos y nacionalizaciones. Los estamos canalizando a través de las conformidades previas. Pero desde el momento uno, el BCRA trabajó codo a codo con las gremiales empresarias por esto. De hecho, en Rosario estuve en un almuerzo con Fisfe y había gente de empresas que tuvieron situaciones como estas. Son casos que se han ido zanjando. Quedan muy poquitos casos.

— En el caso de la brecha cambiaria, también el sistema financiero la aprovechó para ofrecerles opciones de rentabilidad a sus clientes. ¿Qué opina?

— A mí no me gusta pensar en términos de buenos o malos. Es la realidad. La brecha generaba incentivos para comportamientos que en niveles micro quizás eran entendibles y a nivel macro nos generaba un ruido gigantesco. Lo mejor que pudimos hacer ahí fue estabilizar la cuestión. La estabilidad macroeconómica y financiera achica la brecha y cuando eso pasa, los empresarios hacen lo que tienen que hacer, que es pensar en cómo recuperar niveles de actividad y reflotar algún proyecto de inversión. Aunque cueste creerlo, hay varios bancos que tienen proyectos de inversión, no sólo de capital de trabajo sino en fierros, para aprovechar los los precios internacionales favorables que hay, las oportunidades que se abren en el marco de la nueva normalidad. A eso apuntamos, a la normalización de la economía en general, para retomar más temprano que tarde una agenda más agresiva en materia de transformación productiva.

— ¿Cómo sería la transición a esa agenda en el mediano y corto plazo, teniendo en cuenta que cuando se ve una recuperación también aparecen tensiones inflacionarias y se exacerba la puja distributiva grande?

— Se entremezclan las cuestiones más bien técnicas con las políticas. Cualquier economista con uso más o menos ducho del Excel puede hacer una cuentita rápida sobre cuánto tiene que moverse el tipo de cambio en concordancia con los salarios, con los precios internacionales del agro o de la industria, para que el crecimiento sea sostenible. Pero a esto hay sumarle la acción política y sentar actores, que lógicamente defienden sus intereses, y tratar de generar un horizonte común. Las iniciativas como el Consejo Económico y Social y los distintos acuerdos sectoriales que se vienen llevando a cabo son herramientas necesarias para ir anclando y encontrando puntos de encuentro en agendas que son divergentes en el marco de pensar sólo en el tipo de cambio, el salario, o el precio al cual fijan sus productos.

"La brecha generaba incentivos para comportamientos que en niveles micro eran entendibles y a nivel macro generaba un ruido gigantesco "La brecha generaba incentivos para comportamientos que en niveles micro eran entendibles y a nivel macro generaba un ruido gigantesco

— ¿El BCRA tiene alguna pauta sobre cómo pretende armonizar la tasa de interés para que los ahorros no se vayan al dólar, y al mismo tiempo no desfinanciar al sistema?

— Más que pauta es la realidad. Son las restricciones con la cual opera un Banco Central en un país con poca soberanía monetaria, que es la capacidad de bajar la tasa sin generar tensiones por el lado financiero. Esta gestión del BCRA estuvo desde el primer día tratando de llevar esa diferencias entre lo que es sostener o bajar los costos financieros para la producción y que sea sustentable con una tasa de interés en términos macro. Ahí me parece que el rol es de coordinación y es lo que se vino dando con el Ministerio de Producción, con herramientas como los fondos de garantía y los créditos subsidiados. Una de la funciones del BCRA es orientar el crédito, marcar y generar el campo de juego. Obviamente hay que hacerlos jugar en esta agenda más de largo plazo, para tratar de ir encontrando lugares comunes para ir transformando eso.

— ¿Hacia dónde va el sistema financiero argentino teniendo en cuenta que ya no alcanza con el negocio de las Leliq?

— En parte el sistema financiero en Argentina ha sido históricamente reducido, por lo menos en las cuatro o cinco décadas, por la propia volatilidad macro. El propio sistema ha ido evolucionando hacia otras formas, donde la virtualidad aceleró o exacerbó algunas tendencias. La semana pasada se creó una comisión donde participa todo el sistema financiero. Está el BCRA, la gremial y demás, para poner sobre la mesa el futuro de la industria y acompañar los cambios que se vienen dando. A diferencia de otros países, una economía como la argentina, con los altos niveles de informalidad existente, genera muy poquita escala como para intermediar todo esto. En la medida que seamos exitosos en esta concertación de llevar a una reconstrucción paulatina de la estructura productiva, generar más oportunidades de empleo pero también mayor formalización, y creación de empresas, esto le dará más sentido al propio sistema financiero. Entonces, se trata de definir alguna dirección que va a ser dinámica en la propia agenda entre los actores.

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