Por momentos invade la sensación que esta decadencia no tiene forma de revertirse, al menos con las recetas que estamos repitiendo y que en el pasado, aplicadas tal cual hoy, nos depositaron en este escenario.

Por momentos invade la sensación que esta decadencia no tiene forma de revertirse, al menos con las recetas que estamos repitiendo y que en el pasado, aplicadas tal cual hoy, nos depositaron en este escenario.
Pero ¿por qué decadencia? Porque vamos perdiendo a toda velocidad los valores del manual de la vida que invitan a seguir en caso de que nos propongamos lograr avances, que nos movilicen a superar el estancamiento del que hace décadas nos tiene sepultados: alimentarse, educarse, trabajar con responsabilidad, comprometernos con quien nos brinda una oportunidad laboral o bien con nuestros clientes, si es que somos emprendedores, honrar nuestros compromisos. En definitiva, ir a nuestra capacidad y superarnos cada día. La esencia humana.
Sin embargo, no es una cuestión meramente económica. Hay un dejo del esfuerzo que fue cauterizado por el perverso asistencialismo, este Estado inútil que no hace otra cosa que entorpecer las iniciativas privadas, anular las energías productivas, empobrecer a su gente, endeudarse para sostener lo insostenible y a resultas de ello, someter a su gente a pagar el costo de esta utopía. No hablo de Argentina, así funciona un elefante dentro de un bazar.
La historia
Pero ¿que es un estado óptimo?
Wilfredo Pareto (1848-1923) fue ingeniero, sociólogo, economista y filósofo, como tantos otros cráneos de esa época. Claro, no había Netflix o Internet para quemar el tiempo en otra actividad que no fuera la de producción científica.
Wilfredo nació en la alta sociedad de Florencia, y luego de estudiar en Italia volvió a Francia a trabajar en la industria ferroviaria y minera. Todo ello, siempre en contraposición a las políticas intervencionistas y especialmente a un Estado que avanzaba en la economía.
Allá por el 1900 fue nombrado profesor de la Universidad Lausana, donde desarrolló su teoría del 20/80: el 20% de la población italiana dispone del 80% de la riqueza. Esa misma razón fue aplicada en diferentes ámbitos.
Asimismo, Pareto desarrolló el concepto de la “optimalidad”, algo así como que dada una distribución X entre individuos, un cambio en la asignación original puede mejorar la situación de algunos siempre a expensas de otros. Es decir una suma 0: lo que se agrega a uno es quitado indefectiblemente a otros.
Entonces un óptimo, es una situación en la que no se puede mejorar la situación de alguien sin jorobar la situación de otros. En economía se estudia a partir de la llamada caja de Edgeworth. Me animo decir que se podría superar la situación si todos y cada uno de los integrantes de la sociedad se propusieran como meta alcanzar su óptimo y superarlo. Jamás ir por menos.
El mismo Wilfredo diseñó su teoría en función a la utilidad. Cuando una situación genera bienestar, se supone que estimula a otro/s en un proceso virtuoso a imitar y competir por una mejora que deriva en un punto óptimo de máxima. Entonces, ¿hay un sub-óptimo?
Optimos y sub óptimos
El teorema del sub-óptimo de R. G. Lip-sey y K. Lancaster, afirmaba que si alguna de las condiciones del óptimo de Pareto no se puede cumplir, debemos “conformarnos” con una instancia inferior, es decir un punto inferior en la frontera de posibilidades.
Ello significa que bajo este concepto del “second-best” (la segunda mejor posición), no siendo la ideal sino la que sigue ordinalmente al escenario óptimo, cada agente económico en el rol que juegue no estaría dando su máximo potencial y por tal motivo produciendo menos de lo que en verdad podría en condiciones ideales. Claro que éstas sólo existen en los libros de texto. La calle es muy distinta.
En la vida cotidiana
Imaginemos por un momento un equipo de fútbol, 11 jugadores que bajo una dirección técnica ingresan a un campo de juego que luce en perfectas condiciones. Asumiendo que cada uno dará lo máximo de su potencial para que el equipo logre la victoria al final del partido, la cual será el resultado de una estrategia técnica y de un equipo en el qué cada uno logra rendir en su máxima expresión.
Y cuando no hay estrategia, simplemente entra a la cancha un conjunto de voluntades descoordinadas, sin rumbo, con enormes chances de fracasar en el juego y seguramente el individualismo primara por sobre el equipo.
No tener estrategia y tampoco jugadores alineados detrás de un proyecto o idea de juego, corroe el espíritu de equipo y naturalmente emergen quienes no están en condiciones de hacer un esfuerzo por revertir la situación.
En el plano del fútbol hay quienes transpiran la camiseta y quienes especulan con que otros lo hagan. Éstos últimos que actúan por debajo del potencial, operan como una carga al resto del equipo, que deberá redoblar esfuerzos para sostener a los holgazanes.
Así como en el fútbol la comisión directiva no entra al campo de juego, es o debería ser su misión desarrollar un conjunto de condiciones que permitan estimular el máximo potencial de cada jugador.
De no ser así, en terminos comparados, el estímulo a transpirar la camiseta decae, el costo de los holgazanes a cargo de quienes no lo son y el equipo en su conjunto, un resultado cantado.
Vivir en el sub-óptimo es una frustración, es poder ir a 100 y hacerlo a 20. En esta diferencia de poder y ser, se juegan ilusiones, capacidades, posibilidades, presente y futuro.
De esto también se trata la economía.


