Economía

El dilema sobre el precio del asado

El corte vacuno fue uno de los productos que más creció en el IPC de diciembre, con un aumento del 28,5% mensual. Un informe señala que no hay razones para que el consumidor pague el precio de exportación. Cómo solucionarlo

Viernes 22 de Enero de 2021

“¿Por qué los argentinos pagan el kilo de asado como lo paga un alemán?”, fue la pregunta que realizó el presidente Alberto Fernández hace un para de semanas para cuestionar el paro de algunas entidades agropecuarias y mostrando cómo la escalada del precio del maíz pegaba de lleno en la cadena hasta llegar a hacer volar por los aires los precios en las carnicerías.

Según el último informe del Indice de Precios al Consumidor (IPC) que difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) correspondiente a diciembre último, el asado fue, luego del zapallo, el producto que más aumentó entre noviembre y el último mes de 2020, al escalar 28,5% y pasar, según el relevamiento del organismo estadístico de $411,27 a $528,67 el kilo.

Los números, que son un datos estadístico, tienen infinitas variaciones según las regiones, las ciudades e inclusos los barrios en cada localidad.

Sin embargo, para el sector ganadero, es “una falacia” confrontar el precio que paga el consumidor con los valores de exportación, como argumentó el gobierno, porque se trata de dos aspectos “complementarios”.

Así lo indicó un reporte del Mercado Ganadero SA (Rosgan), el mercado ganadero televisado más importante del país constituido por la Bolsa de Comercio de Rosario junto a las principales firmas consignatarias de la Argentina.

“Una nueva polémica se abrió tras las fallidas comparaciones del gobierno nacional respecto del valor del kilo de asado que pagan los argentinos en relación a otros países, al confrontar nuevamente exportación con consumo”, señaló el informe de Rosgan, el cual señala que en el mercado cárnico, hay una complementación entre cortes que se venden en el país y lo que se exporta y por tanto, vender más al exterior no significa que en las carnicerías el precio vuele por las nubes.

“La primera comparación fallida surge de situar al asado como un producto demandado por el resto del mundo cuando claramente no es un corte de exportación valorado por nuestros principales compradores”, apuntó.

Comparaciones

En segundo lugar, “si se comparan los precios en dólares de la carne vacuna en los principales países a los que exporta Argentina se cae esa apreciación”.

Para esto, Rosgan tomó a modo de referencia los valores de la carne de vacuna relevados por el portal Numbeo, una empresa que desde hace 10 años conforma una base de datos a nivel mundial sobre diversos indicadores económicos y sociales muy concretos y de fácil interpretación.

Según esos datos, “vemos que el precio de la carne de ternera en argentina se ubica por debajo de los 5 dólares el kilo y es el más barato de toda la región”, puntualizó. De hecho, los números de este relevamiento indican que “equivale a la mitad del valor promedio pagado por un consumidor chileno, siendo éste el segundo destino de exportación más importante para Argentina luego de China”.

Además, cuando esa misma comparación se traslada por fuera de la región, las diferencias resultan aún más marcadas revelando valores de hasta dos y cuatro veces superiores a los pagados por un consumidor argentino.

Mas allá de esta comparación, la realidad es que los diferentes cortes que integran la media res, presentan atributos valorados por distintos mercados, con culturas y hábitos de consumo muy bien diferenciados. “En este sentido, mientras que Europa se lleva los cortes de mayor calidad, principalmente del cuarto trasero, Israel, Chile y Estados Unidos, tienen preferencia por cotes del delantero, aunque en ambos casos provenientes de novillos o incluso vaquillonas de alta calidad”.

En otro segmento muy diferenciado se encuentra China, por lejos el principal comprador en volumen de carne argentina, que, al igual que Rusia, “llevan cortes congelados de menor calidad, como garrón y brazuelo o falda, menudencias e incluso de desperdicios del troceo, como es el trimming que va a Rusia”, agregó el informe de Rosgan.

En definitiva, “los cortes parrilleros tan demandados por el consumidor argentino prácticamente no se exportan”, argumentó Rosgan.

Frente a esa situación la pregunta obligada es porqué, como dijo el presidente, un Argentino paga el asado como un alemán en su tierra. Un problema que tendría solución, según indicaron desde Rogan, si “la res puede ser comercializada en cortes y no entera como se sigue descargando en el mercado interno”.

“Bajo esta estrategia de comercialización en cortes, Argentina podría salir fácilmente de este círculo vicioso de discusión que continuamente confronta exportación con consumo”, agregó y así “nuestro país, podría seguir consolidando su mercado de exportación no sólo sin afectar el mercado interno sino también aumentando la oferta de aquellos cortes más consumidos por los argentinos”.

"La diferencia de precios internos y externos se resolvería si se comercializa la res en cortes y no entera "La diferencia de precios internos y externos se resolvería si se comercializa la res en cortes y no entera

Es decir, “podríamos disponer de más asados, vacíos, matambres o carnaza para milanesa, manteniendo precios accesibles para el consumidor local”, precisó Rosgan.

Oferta sostenida

Por otro lado, el informe indica que si bien se habla de aumentar la oferta de aquellos cortes más demandados internamente, “también es importante remarcar que hasta el momento el mercado no ha sufrido restricciones de oferta”. Los datos de faena de diciembre confirman que el mercado interno “estuvo muy bien abastecido”.

Cerca del 50% de la faena de diciembre, unos 650.000 animales, corresponden a novillitos y vaquillonas de dos dientes cuyo destino es básicamente interno.

El consumidor argentino, en promedio consume unos 110 kilos de carne entre vacuna, de pollo y de cerdo _según fuentes oficiales_ mientras que el resto de los países de la región consume en promedio menos de 100 kilos con similar cultura gastronómica.

Por eso, para Rosgan programas como “Carne para todos” no deberían circunscribirse a acuerdos temporales de precio “en los cuales nadie gana en el tiempo”. Por el contrario, “definir los criterios de una estrategia productivo-comercial que permita potencial ambos canales, podría proporcionar efectos inmediatos, aunque sobre bases más sostenibles”.

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