Pentagramas

La leyenda del pianista melancólico

El rosarino Edgar "Tucho" Spinassi (1926-83) fue un músico de talento y carisma inusuales, pero su bohemia impenitente dispersó su obra. Ahora un disco liderado por su sobrino Eduardo –también brillante ante el teclado– rescata un legado entrañable

Domingo 29 de Noviembre de 2020

"Quienes lo conocieron, quienes pudieron atesorar la riqueza de las horas, los días y los años compartidos, jamás olvidarán sus manos delgadas, fuertes y sensitivas, ya quietas sobre el piano después del viaje por las entrañas del tema, ya desplazándose sobre las teclas como seres vivos y autónomos. De tal modo impresionaban las manos de Edgar Spinassi: el piano era su medio natural, su hábitat, la tierra fértil donde sembraban y cosechaban la hondura conceptual, el corazón amable y amante, la felicidad cromática que extraían como si ofrecieran rosas, violetas, ramos de glicina o dolidos jirones de ausencia y tempestad”.

Con esas palabras, en ese estilo arrancaba Jorge Riestra en la revista publicada por La Capital el 15 de noviembre de 2007, con motivo del 140º aniversario del diario, la evocación de quien fuera su gran amigo y uno de los pianistas más importantes que haya dado la ciudad: Edgar Spinassi, a quien todos conocían simplemente como Tucho.

Jorge y Tucho.jpg
Amigos. Jorge Riestra y Tucho Spinassi, en plena juventud.

Amigos. Jorge Riestra y Tucho Spinassi, en plena juventud.

De enorme talento, versátil y sensible, y a la vez humanísimo y cálido, de gran sentido del humor en contraste con un temperamento volcado a la melancolía, la leyenda de Tucho no ha cesado de crecer. Su legendaria bohemia, sin embargo, no le permitió crear una obra acorde con la dimensión de su reconocida capacidad. Y entonces, más allá de grabaciones dispersas y hasta registros caseros, no existía un disco que agrupara aquellas producciones en las que buceó en el que era su amor más poderoso, más allá de su sólida formación clásica: los géneros populares argentinos.

A cubrir tan sensible hueco ha llegado un disco, Desandando el rumbo, en el que su sobrino, el también notable pianista Eduardo Spinassi, versionó temas de Tucho en compañía de la cantante Marcela Pujals.

En diálogo por separado con Cultura y Libros, ambos –así como otro participante del disco e integrante del clan Spinassi, Fernando– recordaron la mítica figura del pianista melancólico.

–Eduardo, ¿cómo y por qué surgió el proyecto del disco?

–Teniendo en cuenta que Tucho era mi tío y padrino, se podría suponer que fui el primero en impulsar la idea de un disco con la obra de este genio. Pero no fue así. La idea partió de Mariana Gomez Castilla, la productora. Ella heredó de su familia un gran amor por Tucho. Su padre, Julio, fue uno de sus más íntimos amigos. Ella nos propuso a Marcela y a mí hacerlo, y por supuesto aceptamos con sumo placer. Aclaro que Marcela Pujals está en la misma situación que Mariana en cuanto al amor por Tucho.

Spinassi2.jpg
De tal palo... Eduardo Spinassi y su mejor amigo, el piano.

De tal palo... Eduardo Spinassi y su mejor amigo, el piano.

–Hablame de Tucho como persona. Y de su relación con tu padre, Roberto, que también se sentaba al piano.

–Todos los amigos de Tucho, no tengo dudas, habrán pensado alguna vez: “Qué bueno ser amigo de este tipo”. Tucho se lo ganó por ser absolutamente fiel a sus principios, por su lealtad, por el amor que generaba, por su enorme y sutil sentido del humor. Era lo que uno puede decir... un gran tipo. La relación con mi viejo, Roberto, era de amigo más que de hermano. Tucho y Roberto Spinassi, Jorge Riestra y Mariano Ferrer eran los cuatro inseparables.

–¿Por qué es importante su obra?

–De la obra de Tucho voy a opinar como músico que soy, y no parado arriba de ese amor incondicional que me ligaba a él. Dicho esto, puedo afirmar sin temor a exagerar que la obra de Tucho es genial. Y no solo su obra musical... su obra poética también lo es.

–Tucho era hombre de ciudad. Hombre del tango, en síntesis, que es la música popular urbana argentina por excelencia. Y sin embargo el folklore le resulta natural. ¿Por qué? ¿Cómo se da ese fenómeno en él?

–Esta pregunta la voy a contestar como lo hubiera hecho Tucho: nunca la regionalidad de la obra determina la regionalidad del autor. Raúl Carnota, por ejemplo, habiendo nacido en Buenos Aires componía chacareras como el mejor santiagueño. Lo mismo pasa con la interpretación. Solo hay que mantener la esencia, que no es fácil, para que una chacarera o zamba sean lo que uno pretende. Agregaría que Tucho se arrimó al folklore influenciado por amigos del interior que habían venido a estudiar a Rosario, sobre todo santiagueños, como José Luis Maldonado.

–¿Y la música llamada clásica, o culta? ¿Qué compositores seducían a Tucho?

–No comparto llamar música “culta” a la música, digamos, clásica. Este calificativo automáticamente define a la música popular como inculta. Este es un concepto que también aprendí de Tucho, que amaba profundamente a Beethoven, Chopin y Rachmaninov. También hemos estudiado y analizado juntos la obra de Gershwin; recuerdo el Concierto en Fa, por ejemplo. Alguna vez me hizo escuchar tocada por él la parte de piano.

8a57d1cc-b319-4d3d-8c84-016218681998.jpg
Tucho flanqueado por Ubaldo De Lío y Horacio Salgán.

Tucho flanqueado por Ubaldo De Lío y Horacio Salgán.

–Y ahora sí, hablemos de tango. ¿Quiénes eran los referentes, los “canónicos” del dos por cuatro para Tucho?

–Su referente tanguero fue sin ninguna duda Horacio Salgán. Atrás había una segunda línea integrada por Troilo, Pugliese, Sebastián Piana, Carlos García y algunos más. Una opinión personal: Tucho estaba más identificado con el tango que con una chacarera o zamba. Musical y poéticamente. Todo lo hacía muy bien, pero me parece que estaba más cómodo en el cemento que en la tierra.

–La amistad era un código inviolable para Tucho. Contame algo de la legendaria barra de la casa de calle Moreno, donde vivías, y su relación con la música.

–Los amigos, las charlas y la música en mi familia en general y en Tucho en particular eran un estilo de vida. Siempre estuvimos muy lejos de violar estas tres cosas. Yo recuerdo juntadas interminables y geniales. Muchas veces se resolvía hacer reuniones temáticas. Por ejemplo, “mañana nos dedicamos a Bach o a Mozart” y cada uno llevaba discos para escuchar y analizar: únicamente lo programado. Yo con doce o trece años me divertía mucho solamente como público... por supuesto no participaba. Ni hablemos de las juntadas cuando venían monstruos como Yupanqui o los Ábalos, por ejemplo.

–¿Qué otras obras quedan por rescatar de su producción?

–Tucho tiene dos obras sinfónicas grabadas. Una es la Rapsodia en tiempo de tango para piano y orquesta. La grabó Alicia Correas con la Orquesta Sinfónica de Rosario. Además compuso el Concierto de Buenos Aires para guitarra y orquesta, registrado por Cacho Tirao.

–Y ahora, pasemos a vos: si tuviéramos que hablar de una línea musical y pianística en la que te inscribieras, ¿cómo la describirías? ¿Qué nombres te precederían en ella, y quiénes la continúan?

–Creo que yo soy un regular pianista y un muy buen folklorista. Por lo tanto podría decir que soy un buen pianista folklórico. Mi referente (permiso, Tucho) fue Adolfo Ábalos. Tucho fue inmensamente más músico y pianista que Adolfo, que en cambio supo aprovechar toda la fuerza y belleza de lo simple. Si comparamos esto con el fútbol, te podría decir que he visto a jugadores errar goles por jugar demasiado bien. Te voy a nombrar pianistas que podrían venir en la misma línea de Adolfo, y pido perdón por si me olvido de alguno: Carlos Aguirre, Gabriel Luna, Pablo Fraguela y Nacho Abad. También tengo mucha admiración, aunque vienen por otro camino (igualmente bello) Lilian Saba y Sebastián Benassi. Este último es hijo de un gran amigo de Tucho, Hugo Benassi, también notable pianista. Y te agrego algo: para mí el músico más genial que dio nuestro folklore es el Chango Farías Gómez.

76689685.jpg
Marcela Pujals. Voz tanguera.

Marcela Pujals. Voz tanguera.

Marcela Pujals: "Por donde ande, andará riéndose"

“Mariana me llamó un día, allá por el final del 2016 y me contó su loco plan de recobrar, reunir, rescatar hasta donde fuera posible la obra de Tucho y me invitó a sumarme a ésa tarea; por supuesto que accedí rápidamente, pero no se terminaba ahí su propuesta, el broche final fue que la idea incluía terminar ese trabajo produciendo un disco para que grabáramos con Eduardo. A partir de ahí comenzó este sueño, con mucho trabajo para buscar el material, con la ayuda inestimable de José Luis Torres y de Fernando Spinassi, y así llegamos a reunir el repertorio. Fué muy hermoso y movilizador meterme en esos temas de Tucho, mucho más en los tangos, descubrir cuánta nostalgia y, por qué no, melancolía había en un tipo con el humor impresionante que él tenía; lamentablemente nunca pude cantarle un tema de él personalmente (no sé por qué), pero sí sé que alcancé a cantarle el feliz cumpleaños por teléfono apenas unos días antes de su partida. Estoy segura de que, por donde ande, estará riéndose y disfrutando de lo que hicimos”.

escanear0001.jpg

Fernando Spinassi: "Jugaba. Siempre jugaba"

“Tucho fue el gran tío de una banda de hijos de una barra de amigos de la cual heredamos un estilo de vida y un humor que nos identifica. El sentido del humor tiene que ver con la amistad, y él hizo del humor un culto y de la amistad una congregación. Jugaba. Siempre jugaba. Con los objetos inventaba juegos, con las palabras hacía asociaciones maravillosamente cómicas. Podíamos pasarnos toda una tarde de lluvia con una pelotita de tenis y dos patas de la mesa del comedor jugando a hacer el gol, que solo valía si pegaba en el palo (la pata) antes de entrar, tanto como una noche entera buscando palabras que se contradecían, las invertíamos y así las guardábamos en la memoria cual colección de figuritas. Con la barra de amigos eran interminables la conversación y la diversión. Recuerdo un país inventado por todos ellos donde los lugares y personajes tenían nombres musicales que surgían de frases de la charla, un imaginario país de Flanblandito que fue forjando su historia a medida que hacían historia estos queridos, delirantes amigos. Esa era la vida diaria de Tucho. Reuniones interminables, llamadas telefónicas más interminables con partidas de ajedrez incluidas, siempre basándose en sus dos vocaciones, la música y la docencia”.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario