Nuevas perspectivas

La filosofía en clave infantil

El poeta y narrador marplatense Matías Moscardi acaba de publicar un libro donde trabaja sobre las ideas del francés Gilles Deleuze para transmitírselas a "pequeñas máquinas infantes". "No bajo línea, la idea es que puedan sacar conclusiones propias", le contó a La Capital

Domingo 05 de Septiembre de 2021

Al mismo tiempo que salía la primera reimpresión de ¡El gran Deleuze! Para pequeñas máquinas infantes (Beatriz Viterbo Editora, 2021), el autor del libro —el poeta y ensayista marplatense Matías Moscardi— estuvo de paseo por Rosario junto a su familia y le contó a Cultura y Libros de qué va esta novedad, no solo porque es muy reciente su publicación, sino porque es novedosa la propuesta: compartir su mirada sobre la obra del gran filósofo francés, a través de la narración poética, para niños y niñas de todas las edades.

“Cuando lo escribí no estaba pensando en ningún lector, ni en un niño ni en un adulto. Es muy híbrido en ese sentido, heterogéneo. Justamente, las máquinas infantes no tienen en el libro una figura antropomórfica que las defina, ni tampoco pasa por una concepción cronológica de la subjetividad”. Estas máquinas infantes de las que habla Moscardi en El gran Deleuze son las que le darán batalla a la “adultización”, uno de los conceptos cruciales de la obra libro, que presentó en agosto pasado junto al filósofo Darío Sztajnszrajber. “Yo no lo pensaría como un libro de divulgación, porque acá predomina el lenguaje”, contó Moscardi, que además ya tiene publicados numerosos libros de poesía, incluido el Diccionario de separación. De amor a zombie, escrito junto a Andrés Gallina y editado por Eterna Cadencia.

“Hay un montón de libros de Mengano para principiantes y a mí me parece que los de divulgación están construidos para transmitir un concepto en términos de significados y se terminó la joda”, dijo el autor de El gran Deleuze, que cuenta con el prólogo de otro grande del género como David Wapner, e ilustraciones de Aruki. Justamente, la singularidad del libro es la de poner a funcionar los conceptos o ideas del revulsivo pensador galo en clave narrativa y ficcional, con muchísimas citas y referencias a otras obras clásicas de la literatura infantil, desde María Elena Walsh y Lewis Carroll, hasta dibujitos animados, como Dragon Ball o Chimuelo, personaje de Cómo entrenar a mi dragón. “No cuento nada sobre la vida de Deleuze, es más, en el libro tiene un gato y creo que a él no le gustaban las mascotas, aunque alguna vez vi una foto de Deleuze con un gato”, dudó el autor. Y redobló: “Yo lo pensaría como un libro en sí mismo más allá de Deleuze. Deleuze es la plataforma sobre la cual se da un salto creativo hacia este universo, en el que hay un personaje que es totalmente inventado, y en el que los conceptos deleuzianos sirven para pensar otras escenas, se transforman en una aventura, sucede algo, surge una historia”.

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El gran filósofo francés Gilles Deleuze (1925-95).

El gran filósofo francés Gilles Deleuze (1925-95).

Así y todo no pierden rigor los conceptos deleuzianos como rizoma, agenciamientos, desterritorialización…

—Porque el concepto en Deleuze no es solo un concepto intelectual, inteligible, al que uno puede darle una explicación: es un anudamiento con lo sensible y lo afectivo, y la experiencia. El libro abre con el mar. Yo vivo al lado del mar, entonces lo tengo todo el tiempo en mi cabeza. Si yo te explico qué es el mar, ¿vos sabrías lo que es? Vos vas a tener una idea, pero si te metés y una ola te revuelca, o si entrás con una tabla o por un tubo; o si te metés a pescar o te subís a un barco son todas experiencias distintas a la de conocer el mar.

En el libro está la máquina de guerra contra los piratas de la adultización. ¿A qué te referís con eso?

—La adultización se puede comprobar en la vida cotidiana. ¿Viste que por ahí tenés amigos o conocés gente que son personas serias o solemnes o grandilocuentes o sumamente institucionalizadas, burocratizadas y consumistas? Bueno. Todo eso tiene que ver con la adultización, que es la forma en la que se experimentan las emociones, los sentimientos, los vínculos. Hay una forma adultizada que aparece en el libro que tiene que ver con el orden, los binarismos, el reto. La clausura del juego. Y por otro lado está la visión del mundo que naturalmente desarticula todo eso y es la máquina infante.

Sin intenciones de spoilear, hablemos de la afirmación con la que termina el libro: “La Era deleuziana ha comenzado”.

—¡Es un chiste! Porque antes tenía un epígrafe de Foucault que decía “el siglo que viene será deleuziano” y yo puse “la Era deleuziana ha comenzado”, de manera un poco pretenciosa pero a la vez paródica, como si dijera “ahora que leíste este libro vamos a ser todos deleuzianos”, lo cual es completamente ridículo. Hay algo que se cumple, sin embargo, en la frase de Foucault. Vos pensá que todas estas ideas asociadas al rizoma y a las formas de organización no binarias fueron previas a internet. Internet es muy rizomática a pesar de estar construida sobre códigos estrictamente binarios, cero y uno. Pero los efectos de navegación, los hipervínculos, forman una ecología rizomática.

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Deleuze, también entre espejos.

Deleuze, también entre espejos.

Por eso es todo lo contrario a un libro doctrinario, algo que se ve muy seguido en la literatura infantil en general…

—El libro no baja línea. Tenía un capítulo sobre capitalismo que es muy importante en la teoría de Deleuze y Guattari y lo terminé sacando porque era muy explícito el anticapitalismo: en cuanto a lo que hay que pensar. Y acá, si bien los conceptos tienen directrices, dan herramientas para que vos saques tus propias conclusiones. Permiten que vos elabores cruces o mezcles ideas, porque lo rizomático remite a la multiplicidad, la multiplicidad remite a la máquina y la máquina remite al trabajo contra la rostridad.

Entonces, ¿no es futurista la teoría de Deleuze?

—Sí, recontra. Para mí las grandes teorías tienen algo de Nostradamus. Otro gran profeta es (Marshall) McLuhan, su teoría es muy de avanzada. Sobre todo La galaxia Gutenberg, que es un libro muy flashero. Pero sí, creo que algunos autores son visionarios, hay algo de la predicción muy potente pero a la vez involuntario. Pensá que ellos (Deleuze y Guattari) hablaban de rostridad en un momento en que no existía Facebook. Pero la cultura, la sociedad ya se estaba rostrificando en ese momento. Ellos decían que las caras forman parte de la producción semiótica de la cultura. Un ejemplo de esta teoría puede ser la película de Roman Polanski El inquilino, ¡muy buena! Allí se dice: “Si me cortan las manos soy yo y mis manos, si me cortan las piernas soy yo y mis piernas, pero si me cortan la cabeza, ¿es mi cuerpo y mi cabeza? ¿O soy yo y el resto del cuerpo? ¿Qué derecho tiene mi cabeza a llamarse yo?”.

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