Libros / Novedades

El monopolio estatal de la violencia

En su último trabajo, la tan aguda como polémica Judith Butler se remite a Freud, Benjamin y Fanon para dar una nueva vuelta de tuerca a su obsesión por la vulnerabilidad y las desigualdades

Domingo 04 de Octubre de 2020

Acaso Judith Butler sea una de las intelectuales que encarna no solo uno de los pensamientos más singulares de la escena contemporánea sino además de mayor impacto, no únicamente en el campo académico sino también del activismo social.

Sus ensayos son leídos y discutidos, y su voz alcanza un lugar destacado allí donde ella se presenta, ya sea para hablar de la nueva agenda feminista, de la violencia social, de la situación de los migrantes o de los estragos al que estamos siendo sometidos por la constante agresión al medioambiente. Diferentes entradas para un mismo tema que la obsesiona y en torno al cual giran casi todas sus reflexiones: el lugar de los más vulnerables en el corazón de nuestras sociedades desiguales y la violencia que se ejerce sobre ellos.

En La fuerza de la no violencia, recientemente publicado por Paidós, Butler retoma algunas de las líneas de reflexión ya desplegadas en sus ensayos anteriores para focalizar ahora su atención en cómo pensar la violencia y las formas de resistir a ella sin que esa resistencia implique necesariamente ampliar los estragos que la violencia en sí misma provoca. Butler vuelve con su mirada a los textos de Franz Fanon, aquellos que guiaron el activismo en los años 60, pero también a autores como Walter Benjamin y Sigmund Freud que en su momento, y frente a los estragos de la Primera Guerra Mundial y luego, ante el ascenso de las ideas extremas en la escena europea, produjeron ensayos que iluminan el lugar de la violencia.

Butler pone el acento, como en sus anteriores obras, en la idea de interdependencia, con la que nos invita a reconocer que nuestra vida no puede ser pensada nunca por fuera de la relación con los otros, por más que querramos imaginarnos aislados y sin necesidad de establecer vínculos con nuestros entornos. Un primer paso a partir del cual sostiene la íntima relación, no siempre evidente, que existe entre nuestros destinos y la suerte o desgracia de “los otros”.

portada_la-fuerza-de-la-no-violencia_judith-butler_202008112217.jpg

La insistente mención al drama de los migrantes y de las comunidades consideradas subalternas, cuyas muertes (en las fronteras, en el mar, por la violencia represiva, por el hambre) no son duelables, cuya suerte y destino no se inscriben en ningún registro de lo visible recorre buena parte de las páginas de este ensayo. Ser duelable sería, según su propuesta, ser reconocido como una persona cuya vida importa, cuyo cuerpo es tratado como el de alguien capaz de vivir y desarrollarse, alguien cuya precariedad debería minimizarse al extremo, siendo así la duelidad un principio articulador de la organización social de la salud, la alimentación, el abrigo, el empleo, la vida sexual y cívica.

Por otra parte, pensar las formas de resistir sin ejercer violencia obliga a Butler a reflexionar acerca de qué es aquello que puede ser considerado un acto violento y quién determina su calificación como tal, en particular en un mundo donde la violencia se justifica cada vez más en nombre de la seguridad, el nacionalismo y el neofascismo, en un tiempo en el que cualquier intento de respuesta pacífica a la violencia arbitraria del Estado es estigmatizado o anatemizado como violento, aun cuando no lo sea, aun cuando esas respuestas busquen eludir la violencia como gesto: “Por qué una petición por la paz se considera un acto «violento»? ¿Por qué se califica una barricada para enfrentar a la policía como un acto de agresión «violenta»? ¿Bajo qué condiciones y dentro de qué marcos sucede la inversión de violencia y no violencia? El Estado monopoliza la violencia al calificar a sus críticos de «violentos» (…) Por lo tanto, debemos estar alertas ante quienes sostienen que la violencia es necesaria para contener y controlar la violencia; ante aquellos que ensalzan a las fuerzas de la ley, incluyendo a la policía y las cárceles, y las consideran árbitros definitivos”, plantea Butler.

Acaso para los lectores fieles a Judith Butler este nuevo libro no tenga la importancia que sí tienen, por su carácter inaugural, El género en disputa, Deshacer el género o Cuerpos que importan, ensayos que tuvieron la virtud de abrir el campo de discusión sobre temas que al momento de su publicación no ocupaban un lugar central en la agenda social y académica, pero así y todo, La fuerza de la violencia es un libro que merece ser leído, en especial por aquellos que siguen con interés el pensamiento de una de las figuras intelectuales más sobresalientes y de mayor incidencia en la escena social y política contemporánea.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario