Cultura y Libros

Ameno recorrido a través de la vida amorosa de grandes revolucionarios

En Pasiones terrenas, recientemente publicado por Taurus, Maximiliano Crespi da cuenta de epìsodios no suficientemente conocidos y merecedores de plena atención.

Domingo 03 de Marzo de 2019

Las relaciones entre el pensamiento de izquierda y la problemática sexual siempre han provocado controversias. Pese a que la perspectiva de un cambio social profundo —revolucionario— parecería estar inevitablemente vinculada a una modificación también profunda de los vínculos humanos, la realidad fue distinta —y no pocas veces, distante— de lo que proyectaban los planes y las expectativas. En ese marco donde se cruzan la economía, la política y el deseo —ejes de la condición humana— debe situarse Pasiones terrenas, ameno ensayo de Maximiliano Crespi publicado recientemente por Taurus, que se ocupa de los amores y desamores que signaron la vida de ilustres referentes de la gauche como el propio Karl Marx, además de Vladimir Lenin, Rosa Luxemburg, Walter Benjamin. Antonio Gramsci, André Gorz y Louis Althusser.

En las documentadas ciento noventa y dos páginas del libro, Crespi construye breves biografías. A través de ellas nos enteraremos, por ejemplo, de que no existe mejor descripción del hogar de Marx que la que proporcionó un policía que se ocupaba de espiarlo y que su amante, Helene Demuth, se había tornado en imprescindible ayuda hogareña y gran amiga de su esposa Jenny.

También sabremos que la genial Rosa Luxemburg, bárbaramente asesinada en 1919, le había enseñado a su joven enamorado Kostya Zetkin que "amar era ante todo amar la libertad del otro, su derecho a corresponder o rechazar, pero también su derecho a no reprimir el deseo".

Más tarde nos introduciremos en la sombría realidad de Antonio Gramsci, que desde la cárcel en que lo sepultó en vida el régimen mussoliniano le escribe a la hermana mayor de su esposa, de quien se ha enamorado: "Quiero decirte la verdad con toda franqueza y brutalidad, si la palabra es más adecuada. No tengo nada que decirte ni nada que decir a nadie. Estoy vacío. En enero hice el último intento de vivir, tuve el último brote de vida". Patéticas palabras que después, al borde del final, se convertirán en otras, legendarias: "Soy un combatiente. Vivo, siento en la conciencia viril de los míos latir la actividad de la ciudad futura que estamos construyendo".

De inmediato entraremos en la conflictiva relación que unió a Walter Benjamin —acaso el filósofo más hondo del siglo veinte— con la rusa Asja Lacis, que desembocó en uno de los trabajos más originales del creador del Libro de los Pasajes: nos referimos a ese extraño librito llamado Calle de dirección única.

A posteriori Crespi nos contará el vínculo amoroso excepcional que mantuvieron André Gorz y su esposa Doreen Keir, que terminó cuando ambos pusieron simultáneamente fin a su vida en un pacto suicida concretado el 22 de diciembre de 2007. Antes, él había escrito: "El amor es siempre asocial y peligroso para un régimen totalitario".

De inmediato aparecerá ante nosotros la dramática figura de Louis Althusser, el pensador que renovó el marxismo y estranguló a su esposa Hèléne en 1980.

Sólo al final, y rompiendo el orden cronológico, aparecerá Vladimir Illich Lenin, protagonista de un triángulo amoroso con su esposa Nadezhda Krúpskaya y la dirigente feminista y revolucionaria Inessa Armand, quienes también acabaron por ser amigas y están enterradas una junto a la otra. Fue Lenin, justamente, quien acotó que la idea del amor libre no era "una reivindicación proletaria, sino burguesa". Crespi recuerda una frase de Tariq Ali: "...le inquietaba que la obsesión de la problemática sexual tuviera atrapados a tantos jóvenes de una manera casi exclusiva". Cualquier similitud con el presente no parece ser coincidencia.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});