Opinión

Contemos la historia de Malvinas a nuestros hijos una y otra vez

"Conocer a los héroes que se sacrificaron por nosotros hace que se reavive el amor por esta Argentina que a veces nos duele tanto", afirma el autor de esta nota para conmemorar el 2 de abril. 

Viernes 02 de Abril de 2021

“Conocer a los héroes que se sacrificaron por nosotros hace que se reavive el amor por esta Argentina que a veces nos duele tanto”, afirma Nicolás Mayoraz: “De ahí viene la fuerza que nos une para enfrentar con esperanza los momentos más difíciles”.

Cada comunidad tiene historias que conforman su memoria común. Sacan a la luz lo mejor y lo peor de los seres humanos. Nos inspiran con sus virtudes y nos enseñan a evitar los errores cometidos. Nos enseñan a perdonar y a agradecer, a entregarnos, a amar. Malvinas es esa historia que una y otra vez los argentinos tenemos que contar a nuestros hijos, para mantener encendido el amor a la Patria y la esperanza por una Argentina mejor.

El 18 de marzo de 1982, un grupo de argentinos se hicieron pasar por comerciantes de chatarra y mezclados entre civiles, atracaron en Puerto Leith, en la isla Georgia del Sur. Llegaron a bordo del ARA Bahía Buen Suceso, una embarcación de logística con la que el empresario argentino Constantino Davidoff retiraba chatarras de las islas Georgia.

Cuando los cuatro británicos que controlaban la zona se alertaron de la imprevista presencia argentina y dieron aviso a su gobierno, ya era tarde: Un centenar de personas habían desembarcado y el capitán Briatore, del Bahía Buen Suceso, ya había hecho flamear la Bandera Argentina. Dos días después, Margaret Thatcher se enteraba de lo sucedido y respondería enviando el rompehielos inglés HMS Endurance con 22 Marines Reales para expulsar a los argentinos.

Con el desembarco de las tropas argentinas en las Georgias del Sur, comenzaba la Guerra de las Malvinas, que intentaría poner fin a las diferencias por la soberanía del archipiélago.

El 2 de abril mediante la Operación Rosario fuerzas militares argentinas reconquistan los territorios argentinos de las islas Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

Las Islas pertenecieron al Virreinato del Río de la Plata desde siempre y fueron heredadas y habitadas pacíficamente por la Confederación Argentina. Casi 150 años atrás, a pesar de estar en relaciones de paz con la Confederación Argentina, dos buques ingleses asaltaron las islas y desalojaron a la guarnición argentina de 26 soldados que habitaban Puerto Soledad, aprovechando que el Gobernador de las Islas, Luis Vernet, estaba de viaje en Buenos Aires.

La ocupación británica fue una operación militar del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. El 3 de enero de 1833, tomó el control de esas islas y desde entonces, excepto durante el breve período de la Guerra, estuvieron bajo dominio británico.

El Reino Unido siempre hizo caso omiso de las incontables protestas ante el concierto internacional de las naciones por aquel acto de ocupación violenta, irregular y absolutamente ilegal. Sin dudas aquella porción irredenta de nuestro suelo que permite controlar el paso entre el Atlántico y el Pacífico, es de un valor estratégico y geopolítico inestimable. Es por eso que el imperialismo británico (siempre el imperialismo británico) quiso y quiere, por la fuerza, permanecer allí.

La dotación militar actual de Gran Bretaña en las Islas Malvinas es la más numerosa y mejor armada que tiene en el mundo, incluyendo armamento nuclear. Es además la base que le permite no sólo reafirmar sus también ilegítimas reclamaciones sobre la Antártida sino, además, amedrentar a nuestro país y amenazar la seguridad y soberanía de nuestro territorio.

Volvamos a aquel 1° de abril. Caía la noche y hasta el clima era hostil. El ARA Santísima Trinidad, que transportaba todo el comando de Anfibios y Buzos Tácticos, comenzó a arriar los botes hacia la costa. A las 23.30 alcanzaron las playas del sur de Puerto Argentino y literalmente reptaron hasta la casa del Rex Hunt, el gobernador británico de las islas.

Alertados por los chilenos, ya la guarnición británica se había concentrado allí para resistir. El capitán Giachino estaba a cargo del comando anfibio que rodeó la casa. Tenía órdenes de no provocar daños ni bajas civiles. Intimó a los guarecidos que abrieron fuego sin dar tregua. Una ráfaga alcanzó al primer Héroe de Guerra, que intentó cruzar el mar con sus palabras para avisar a su esposa: “Me dieron Cristina, me dieron”. Tomó una granada y resistió hasta que Hunt se rindió.

Sin chances, el inglés inquirió azorado: “¿Por qué toman las Islas?”. Carlos Büsser, comandante de la Fuerza de Desembarco le espetó: “Desembarcamos, en la misma forma en que ustedes lo hicieron en 1833, y mis órdenes son desalojarlo a usted y a las tropas británicas para restituir el territorio a la soberanía argentina”.

Ya era 2 de abril. La Argentina recuperaba su soberanía sobre las Islas Malvinas que un poeta supiera llamar las “Hermanitas Perdidas”. Amamos las Malvinas como amamos la casa de nuestros abuelos. Y estos días deberíamos sentarnos a compartir las miles de historias que se entretejieron y que nos enlazan.

Cada antepasado, cada soldado, cada madre o esposa, cada familia cultivó con sacrificios y con sangre ese misterio contradictorio y hermoso que nos hace amar, a pesar de todo, el ser argentinos. Recordarlo no sólo es un gesto de amor y agradecimiento. Es amasar y reafirmar nuestra identidad. Cuando las tormentas arremeten contra nosotros, cuando el fuego nos ataca sin saber de donde viene, cuando todo parece perdido… nos mantiene unidos, nos permite levantar la mirada. Y dar lo mejor de nosotros. Y seguir adelante.

Gloria y honor a todos los combatientes de Malvinas, a sus familias y a todos los hombres y mujeres de bien que se sacrificaron por nuestra Argentina. No dejemos que el olvido, el odio y la mentira borren y roben lo que tanto costó construir para nosotros y nuestros hijos. No nos cansemos de contar esta historia. Porque en la grandeza de nuestro pasado está sembrada la belleza de nuestro futuro. ¡Viva la Patria, carajo!

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