Me ha resultado muy esclarecedora la carta del ingeniero Carrivale, publicada el pasado 3 de julio, donde demuestra que el gas licuado en garrafas, que es el que usan los más pobres, resulta un mil cuarenta y dos por ciento más caro que el gas natural de la red. El análisis es muy claro y las cifras son contundentes. Pero la injusticia social no termina allí. Hay otras situaciones que también gravan a los que menos tienen: 1) El IVA, que nominalmente es igual para todos, resulta fácil de sobrellevar a los adinerados y restringe el consumo de los pobres. 2) Todos los habitantes de la Nación deben pagar los derechos de aduana de los artículos importados, pero los que viajan al exterior (que no son los pobres) pueden comprar en los famosos "free shop", sin ese impuesto. 3) Los que viven cerca de un "shopping" consiguen las mercaderías más baratas que aquellos que se ven obligados a surtirse en el almacencito de un barrio alejado. ¿No es un absurdo esto de que los que viven peor, sean los que pagan más caro?































